Ecologías del Fuego

2026

Ecologías del Fuego

PRÁCTICAS
DESDE LOS FUEGOS

Prácticas desde los Fuegos

Smart Forests y Fundación Mar Adentro

Las prácticas desde los fuegos se refieren a los métodos por los que las comunidades y organizaciones responden a los incendios. Actualmente, en Chile y en todo el mundo, la mayoría de los recursos se orientan a «combatir» los incendios. En este sentido, los incendios se diferencian de otros desastres y peligros que pueden requerir una mayor atención a la preparación. Como señalan Moritz y sus coautores, «el enfoque de “mando y control” utilizado habitualmente en la gestión de incendios descuida el papel fundamental que desempeñan los regímenes de incendios en el mantenimiento de la biodiversidad y de los servicios ecosistémicos clave».Moritz et al., “Learning to Coexist with Wildfire,” 58. La ecología del fuego centra su estudio más allá del momento del incendio. Por esta razón, las prácticas en torno a los incendios deben abordar todos los aspectos que existen asociados a los fuegos. Estas prácticas pueden abarcar una amplia gama de actividades, desde planes comunitarios y comités de preparación hasta observaciones locales y programas educativos. Si bien pueden incluir acciones para responder a los incendios cuando ocurren, también pueden extenderse a la restauración de paisajes y al apoyo a las comunidades en su recuperación tras verse afectadas por eventos de fuego.

Si en los capítulos anteriores examinamos las redes que surgen tras incidentes de incendios (i.e. quiénes participan en la gestión de los incendios), y las tecnologías en torno a incendios (i.e. infraestructuras y herramientas que se movilizan como respuesta), en este capítulo examinaremos las medidas concretas que adoptan las comunidades y organizaciones para mejorar la resiliencia a lo largo del ciclo de vida del fuego. En nuestras escuelas de campo, entrevistas y trabajo de campo, documentamos múltiples prácticas relacionadas con actividades de prevención, en particular a nivel de gobernanza, planificación territorial y educación ambiental. Al centrarse en la prevención, los participantes destacaron la importancia de la formación y educación, la creación de infraestructuras defensivas, como cortafuegos, la limpieza y poda de vegetación, así como la preparación de respuestas coordinadas. Otras prácticas incluían la construcción de infraestructuras preventivas, la movilización de conocimientos locales y la gestión del fuego.

Si bien los participantes y colaboradores identificaron muchas prácticas exitosas en torno a los incendios, también señalaron varias oportunidades para mejorar estos esfuerzos. Entre ellas, abordar las deficiencias en el diseño e implementación de planes de prevención de incendios, superar la desconexión entre las diversas comunidades e instituciones, mejorar los recursos educativos disponibles, y mejorar la restauración y recuperación de los paisajes.Tiara Torres et al., “Community Fire Plans.”

Identificación de aves durante el trabajo de campo. Pablo González Rivas para Smart Forests, 2024.

Identificación de aves durante el trabajo de campo. Pablo González Rivas para Smart Forests, 2024.

Visita con Karim Gramer a la Granja Educativa Altos de Caburgua, en la zona de Paillaco. Pablo González Rivas para Smart Forests, 2024.
Visita con Karim Gramer a la Granja Educativa Altos de Caburgua, en la zona de Paillaco. £
Pablo González Rivas para Smart Forests, 2024.
Escuela de campo en Pucón con mapeo comunitario de riesgos y recursos relacionados con incendios. Josefina Astorga para Smart Forests, 2024.

Escuela de campo en Pucón con mapeo comunitario de riesgos y recursos relacionados con incendios. Josefina Astorga para Smart Forests, 2024.

Escuela de campo en Pucón con presentación de Cáritas Chile. Josefina Astorga para Smart Forests, 2024.

Escuela de campo en Pucón con presentación de Cáritas Chile. Josefina Astorga para Smart Forests, 2024.

Planes comunitarios de prevención de incendios

Los planes comunitarios de prevención de incendios son una estrategia destacada que se utiliza en todo Chile. Estas prácticas reconocen el riesgo creciente de incendios y la necesidad de respuestas locales fundamentadas. Consideran la colaboración con instituciones, una planificación territorial, así como la integración de diversos conocimientos ecológicos y medidas técnicas junto con la acción comunitaria. CONAF ha desarrollado una metodología para que las comunidades la adopten a sus respectivas regiones de Chile. Esta estrategia implica movilizar a los grupos comunitarios para que participen en ocho pasos descritos en el método, entre los que se incluyen:

  1. Identificar las tareas y los objetivos del plan
  2. Trabajar con las comunidades en talleres, ejercicios de mapeo y creación de recursos educativos
  3. Recopilar información sobre el territorio y los habitantes pertinentes
  4. Evaluar y analizar los riesgos
  5. Preparar el plan y las acciones
  6. Validar el plan
  7. Implementar el plan
  8. Monitorear y revisar el plan

En este proceso estandarizado, los representantes de la CONAF trabajan con las comunidades para establecer un consejo comunitario y luego organizan cuatro talleres sobre temas que incluyen el fortalecimiento de las viviendas contra los incendios forestales; la creación de acciones comunitarias de gestión de combustibles y áreas de autoprotección; la creación de un plan de acción de emergencia; y el establecimiento de planes de detección, alerta y primera respuesta de la comunidad.CONAF, «Metodología para la elaboración de planes comunitarios de prevención de incendios forestales».

Junto con estos métodos, varios gobiernos locales y regionales están llevando a cabo una planificación territorial en las zonas de interfaz urbano-rural que puede incluir prácticas participativas. A la hora de gestionar los riesgos relacionados con el uso del suelo y los puntos críticos de incendios, los gobiernos locales y regionales suelen colaborar con las comunidades para identificar los peligros, desarrollar programas de formación y seguimiento, realizar simulacros de preparación y establecer comités de prevención para garantizar la adopción de enfoques organizados. Estas medidas también pueden incorporar la cartografía de riesgos que realiza CONAF a nivel regional, que modela la vulnerabilidad, susceptibilidad y exposición potencial al fuego.

Con estos métodos más estandarizados, se reconoce que siempre es necesaria una mayor adaptación a los contextos locales para garantizar la viabilidad de los planes y las prácticas. En zonas como La Araucanía, el fuego es un componente importante de la agricultura y “limpieza” de la vegetación, así como de las tradiciones mapuche. Los planes y las prácticas comunitarias de incendios debiesen adaptarse a los usos tradicionales del fuego, identificando los usos consuetudinarios junto con planes de gestión de riesgos, como no permitir los incendios durante los períodos cálidos y secos, y garantizar un proceso de concesión de permisos para quemar. Como se mencionó en el capítulo anterior sobre redes, las comunidades también tienen recuerdos de patrones de incendios que a menudo no están documentados por CONAF, pero que pueden ser cruciales para establecer una comprensión más detallada y respuestas más precisas a los incendios. Como demostraron nuestras entrevistas en múltiples regiones y territorios,Tiara Torres et al., “Exchange of Community Experiences for the Prevention of Forest Fires.” algunas prácticas en torno a incendios podrían no ser viables en todos los territorios, como la técnica de Buena Cabra, que consiste en el trabajo con aquellos animales quienes consumen la vegetación para crear cortafuegos naturales.Fundación Lepe, «Buena Cabra».

Las prácticas colaborativas entre miembros de una comunidad e instituciones locales, que implican cartografiar y comprender el territorio local, son fundamentales para elaborar planes eficaces de prevención de incendios forestales, y para reforzar la preparación y el liderazgo de agentes locales. Durante nuestra escuela de campo de Pucón, los participantes destacaron especialmente la importancia de crear iniciativas autogestionadas que fomenten la confianza entre organizaciones y comunidades, al tiempo que faciliten los intercambios y el aprendizaje dentro de las comunidades.Tiara Torres et al., “Exchange of Community Experiences for the Prevention of Forest Fires.” Sin embargo, como señalaron los participantes de las escuelas de campo desarrolladas en Temuco y Pucón, los cambios demográficos en las regiones pueden generar tensiones entre los diferentes tipos de residentes, lo que puede suponer un obstáculo para la adopción sistemática de herramientas y protocolos como planes de seguridad doméstica, estrategias de evacuación, prácticas de quema responsable y simulacros comunitarios. En estos casos, podría ser útil que los organismos locales y regionales, incluido CONAF, contribuyeran a mediar en los intercambios y a proporcionar recursos educativos sobre prácticas responsables en materia de incendios a los residentes y visitantes.

Escuela de campo en Pucón con la colaboración de Maya Errázuriz. Josefina Astorga para Smart Forests, 2024.

Escuela de campo en Pucón con la colaboración de Maya Errázuriz. Josefina Astorga para Smart Forests, 2024.

Escuela de campo en Pucón con mapeo comunitario de riesgos y recursos relacionados con incendios. Josefina Astorga para Smart Forests, 2024.

Escuela de campo en Pucón con mapeo comunitario de riesgos y recursos relacionados con incendios. Josefina Astorga para Smart Forests, 2024.

Más allá de las llamas

Como han demostrado nuestras numerosas conversaciones e investigaciones, el fuego va mucho más allá del momento de la emergencia.UNEP, Spreading Like Wildfire. Además, el fuego no es solo un fenómeno ecológico natural, sino también cultural. Como señalaron los participantes de las escuelas de campo y en las entrevistas, es fundamental comprender que las personas tienen relaciones complejas, culturales e incluso espirituales con el fuego. Como señaló un participante de la escuela de campo de Temuco, existe cierta inevitabilidad del fuego en la región de La Araucanía debido a su uso tradicional en prácticas agrícolas, incluidas las técnicas de cultivo mapuche. El participante señala:

«No es posible que no haya fuego, pero lo que sí es posible es que los gestionemos, ¿no? […] Por lo tanto, quizá la regularización del fuego o el uso alternativo […] sea el camino a seguir».

Vimos que entre los participantes, existía la percepción común sobre la necesidad de una mejor regulación de las quemas, más que una prohibición. Como señala el siguiente testimonio:

«La otra cuestión que surgió en el debate es la regulación del fuego. Sabemos que es un elemento vital en nuestras vidas, pero aún es necesario regular más su uso en la quema. En lo que respecta a la educación, ¿cómo vamos a regular y establecer normas mínimas para que todo lo relacionado con ella mejore con el tiempo?».

En este sentido, los participantes resaltaron la necesidad de que la regulación debe abarcar la educación, de modo que no se trate simplemente de una cuestión de prohibición. Además, la regulación debe incluir el conocimiento territorial y construirse conjuntamente con las comunidades, para que no sea un modo de gobernanza vertical. Estos compromisos locales y culturales con el fuego brindaron la oportunidad de promover el entendimiento cultural y el cambio a través de acciones territoriales. Como resumió uno de los participantes de la escuela de campo:

«Esto significa que generamos un vínculo con el territorio y ese vínculo genera cuidado y responsabilidad por nuestra parte. Por lo tanto, cuando estamos vinculados, reconocemos que formamos parte de un territorio».Discusiones en grupo en la escuela de campo de Smart Forests, Temuco (abril de 2024).

Las conexiones territoriales pueden facilitar un sentido de responsabilidad compartida por la tierra y los bosques, así como una integración de conocimientos ancestrales y locales mediante el intercambio de prácticas tradicionales y la divulgación de las «historias de la tierra».

Estas conexiones territoriales se extienden a la construcción y el mantenimiento de infraestructuras ecológicas preventivas para facilitar las estrategias de incendios. Estas prácticas pueden incluir la gestión de la vegetación, la poda y las quemas prescritas. Los cortafuegos son una medida que CONAF utiliza y promueve ampliamente, junto con la cartografía e incluso la creación de fuentes de agua, para apoyar los esfuerzos de respuesta a los incendios. Los esfuerzos para mejorar el acceso por carretera en regiones montañosas, con una topografía difícil, también pueden ser cruciales para permitir una respuesta eficaz a los incendios.

Aunque los planes, protocolos e infraestructuras comunitarios de prevención de incendios pueden permitir respuestas más sólidas ante los incendios, no siempre se aplican de manera coherente. Por esta razón, como se señaló en la escuela de campo de Pucón, las actividades prácticas y de campo pueden ser una forma importante de garantizar la implementación efectiva de las infraestructuras e iniciativas de base. Estas prácticas pueden implicar, además, la colaboración con municipios y organismos forestales, que pueden proporcionar asistencia técnica como parte de las actividades sobre el terreno. Esta perspectiva coincide con los aportes de la escuela de campo de Temuco, donde un participante señaló:

«En la práctica, lo más concreto es que la creación de estructuras físicas de prevención se realiza con una participación sustancial de la comunidad [...], porque allí creo que la gente entiende, se involucra y también comprende cómo funciona el terreno, cómo funcionan esas prácticas, como la prevención, como in situ, en la parte de las redes, es decir, que hay comités comunitarios de prevención de incendios con representación no solo de las asociaciones de vecinos, las organizaciones reguladas típicas, por así decirlo, sino también de comunidades y organizaciones sociales que pueden ser como ONG o movimientos sociales».Discusiones en grupo en la escuela de campo de Smart Forests, Temuco (abril de 2024).

Como señala, además, la entrevista con Fernanda Romero incluida en este libro, las sesiones de capacitación periódicas pueden ser una forma de generar conciencia y preparación frente a los incendios. Estas capacitaciones son importantes para comunicar cómo suelen iniciarse los incendios, qué decisiones difíciles pueden ser necesarias para modelar los entornos en respuesta al riesgo de incendio y qué modos de organización comunitaria se necesitan para garantizar que las personas estén preparadas para responder y apoyarse mutuamente. En otras palabras, «los incendios no son reales hasta que nos ocurren, y no debería ser así».Véase Romero y Fundación Mar Adentro, «Brotes de resiliencia». Los esfuerzos realizados en Altos de Cantillana ponen de manifiesto el papel fundamental que desempeña la educación ambiental en la comprensión de la ecología del fuego y en la contribución a las prácticas en torno a los incendios que permiten la prevención y la conservación. Para muchos participantes de la escuela de campo y entrevistados, la educación ambiental no solo implica sensibilizar a las comunidades sobre los riesgos de incendios forestales, sino también involucrarlas en tareas de detección, comprender la historia del territorio y los conocimientos ancestrales, contribuir al cuidado y la conservación del territorio, y participar en eventos y colaboraciones comunitarias.

Aunque los participantes y los entrevistados se mostraron optimistas sobre las prácticas desde los fuegos en curso y en desarrollo, siguieron identificando desafíos para garantizar una coherencia y mantener el compromiso. Los planes y protocolos de incendios pueden aplicarse de forma desigual, el acceso a los recursos puede también ser desigual entre comunidades y regiones, la vigilancia de los incendios forestales no siempre es sistemática, y los nuevos residentes o visitantes de zonas rurales pueden desconocer los riesgos de incendio y las prácticas tradicionales del uso del suelo.

Sin duda existen aún desafíos para garantizar que las prácticas en torno a los incendios estén orientadas a la comunidad y dirigidas por ella. Si bien el método de prevención de incendios de CONAF espera que las comunidades se autogestionen, esto puede crear disparidades entre comunidades que difieren en su nivel de recursos y acceso a tecnología y datos. Por esta razón, los participantes de nuestras actividades consideraron que la prevención y detección de incendios debería incluir prácticas y recursos estandarizados a un nivel similar al de los terremotos, sin excluir las adaptaciones locales y los aportes de la comunidad. El desarrollo de estas prácticas desde los fuegos también incluye una mayor participación en la respuesta y recuperación tras los incendios en las comunidades y sus territorios. Esta sería una forma de garantizar que los ciclos de vida de los incendios se aborden de manera integral, incorporándose a estrategias más amplias de adaptación y regeneración de entornos cambiantes.

Visita con Karim Gramer a la Granja Educativa Altos de Caburgua, en la zona de Paillaco. Pablo González Rivas para Smart Forests, 2024.
Visita con Karim Gramer a la Granja Educativa Altos de Caburgua, en la zona de Paillaco.
Pablo González Rivas para Smart Forests, 2024.
Visita a las instalaciones de Altos de Cantillana. Pablo González Rivas para Smart Froests, 2024.
Visita a las instalaciones de Altos de Cantillana. Pablo González Rivas para Smart Forests, 2024.

Brotes de Resiliencia
tras los Incendios
en Altos de Cantillana

Fernanda Romero y Fundación Mar Adentro

En diciembre de 2023, la Reserva Natural Altos de Cantillana sufrió un incendio que arrasó con casi 100 hectáreas. En esta entrevista con Violeta Bustos Vaccia de Fundación Mar Adentro, la coordinadora del área protegida y presidenta de Así Conserva Chile,Así Conserva Chile, https://asiconservachile.org. Esta entrevista se publicó originalmente en el sitio web de la Fundación Mar Adentro en: https://fundacionmaradentro.cl/en/articulo/brotes-de-resiliencia-tras-los-incendios-en-altos-de-cantillana. Fernanda Romero, reflexiona sobre el incendio. La ecóloga y paisajista es asidua a estos parajes del bosque esclerófiloSegún señala el Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) el bosque esclerófilo es un sistema ecológico que entrega naturaleza a los seres vivos y provee de las condiciones ideales para el desarrollo de la vida. Entre las especies que lo conforman en nuestro territorio se encuentran el peumo (Cryptocarya alba), el boldo (Peumus boldus) y el espino (Acacia caven), así como la palma chilena, o Jubea chilensis. Véase https://ieb-chile.cl/noticia/los-servicios-ecosistemicos-del-bosque-esclerofilo-chileno. desde su infancia, transformándose en la cuarta generación de su familia que habita la zona y en la coordinadora oficial para la conservación de las 12 mil hectáreas que abarcan la reserva.La reserva abarca las comunas de Melipilla, San Pedro, Alhue, Isla de Maipo y Paine. A semanas de la proliferación del fuego, Fernanda cuenta que nuevos brotes emergieron de la tierra, muestra de la regeneración de la naturaleza ¿Cómo equilibrar la necesidad de contar historias esperanzadoras ante las catástrofes?, ¿qué maneras de interrelacionarnos entre humanos y más que humanos aportan a la prevención de riesgos de desastres? Son algunos de los temas abordados por una de las líderes de conservación en Paine, quien en 2022 fue nombrada Tesoro Humano Vivo por su labor en la cuenca de Aculeo.

Altos de Cantillana, zona quemada y en regeneración. Pablo González Rivas para Smart Forests, 2024.

Altos de Cantillana, zona quemada y en regeneración. Pablo González Rivas para Smart Forests, 2024.

Fundación Mar Adentro (FMA): Entiendo que al menos 16 de tus tatarabuelos son oriundos de Paine. ¿Cómo ha sido tu relación afectiva, territorial y profesional con esta zona y qué cambios has observado a lo largo de los años?

Fernanda Romero (FR): El vínculo territorial es muy fuerte. He renunciado a muchas cosas por estar aquí. Si bien mis padres se trasladaron a Santiago cuando era pequeña y luego estudié en la capital, venía todos los fines de semana y en vacaciones. Volví a vivir de manera permanente en Aculeo cuando tenía 27 años y construí mi casa. Siento ese arraigo y también he encontrado maneras de observar lo que aquí sucede. Antes de la sequía, por ejemplo, muchos años yo decía que Aculeo era como el paraíso en la Tierra. Era un valle perfecto, pues la cuenca estaba muy bien conservada. Luego, hubo actividades que impactaron el ecosistema, como la presencia de ganado y el avance de la construcción de condominios por los cerros, también he sido testigo de la fragilidad legal en torno a la protección de la biodiversidad. En este territorio he sentido el llamado de la conservación desde el sentido de urgencia. Al mismo tiempo, diría que aquí no solo he explorado la conservación desde la ciencia, sino que desde su valor biocultural e histórico. En Paine han aparecido restos arqueológicos de, al menos, tres culturas: Mapuche, Llolleo y Bato (sus antecesores), y los Inca.Véase https://enciclopediadigitalsantiago.cl/cultura-llolleo-y-bato.

A nivel profesional, por otro lado, he coordinado un par de organizaciones: una de jóvenes con base comunitaria; y una corporación de derecho privado llamada Aculeufu, en paralelo a la creación de la corporación Altos de Cantillana, junto a una empresa de ecoturismo para financiar las corporaciones, actividades difíciles de mantener debido a la sequía y el declive turístico. La corporación Altos de Cantillana surge en el marco del proyecto GEF Cantillana,La Secretaría Regional Ministerial (SEREMI) del Ministerio del Medio Ambiente de la Región Metropolitana (RM) en 2011 ejecutó el proyecto denominado “Conservación de la Biodiversidad en Los Altos de Cantillana”, también conocido como “GEF Cantillana”, donde el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), actuó como agencia implementadora del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF por sus siglas en inglés). iniciativa nacida gracias a la confianza, pues mi abuelo paterno era el capataz del propietario de estas tierras.El pintor Joaquín Solo de Zaldívar y su familia han administrado esta reserva por varias generaciones. Sobre mi rol aquí, te diría que yo pertenezco a esta reserva, soy parte.

FMA: Y en cuanto a los incendios, ¿qué tan frecuentes han sido, ¿cómo han impactado y qué medidas de prevención o control se han tomado?

FR: Sobre la historia de incendios en la zona, hace un tiempo logré reconstruir los últimos 60 años, entrevistando a personas de la comunidad. Uno de los más latentes ocurrió hace 10 años, cuando se quemó una ladera del cerro en Rangue; luego–hace siete–otra ladera, esto empezó a ser más frecuente con la sequía. El problema es que, lamentablemente, los incendios se perciben lejanos cuando no se queman las casas, ya que la gente de campo no vive en los cerros, sino en el valle, entonces, si bien existe memoria de incendios, se ve como algo distante.

La prevención de incendios en la reserva se ha reforzado desde 2016 cuando pudimos armar un equipo y yo ser designada oficialmente como coordinadora. Con este equipo ahora hemos reflexionado sobre el incendio de diciembre. De alguna manera, nos preparamos para que llegara desde otra parte y en ese sentido, los incendios sorprenden, aunque sabemos que suelen partir fuera de la reserva y luego ingresan. Actualmente, estamos iniciando un proyecto de prevención con el Gobierno Regional Metropolitano de Santiago (GORE) como parte de la red de santuarios de la naturaleza de la región.

Además, ha sido una decisión compleja, la necesidad de hacer cortafuegos, ya que esto puede implicar cortar vegetación, lo que a veces significa limitaciones burocráticas. Todos los años tenemos capacitaciones de incendios, pero hasta ahora pienso que no se tomaba una conciencia generalizada. Los incendios no son reales hasta que nos suceden y eso no debería ser así.

Entendemos que las llamas de diciembre ocurrieron cuando cayó una rama de un árbol al tendido eléctrico. En ese sentido, tal vez todos los tendidos eléctricos deberían ser subterráneos, pero para concretar una idea así, los tomadores de decisiones deben tenerla en el horizonte de posibilidades de prevención. Cuando hay un incendio, pierden las personas, por lo que debemos entender el impacto del fuego para transformarnos en agentes de prevención.

FMA: Entiendo que algunos brotes han vuelto a emerger tras el incendio. ¿De qué manera podemos entender esta pronta capacidad regenerativa y qué aprendizajes al respecto pueden inspirarnos para proteger los ecosistemas?

FR: Este año, la maravilla de la regeneración no es trivial, pues tiene que ver con los 600 mm de precipitaciones caídas en el invierno, cantidad normal antes de la sequía, incluso ese promedio de lluvias explicó la exuberancia de Aculeo. Es por esto que se conservó la humedad del suelo en esta área. Hoy, tenemos rebrotes de la base de los árboles de hasta 50 cm. Elaboramos, además, un plan de restauración para el lugar que se quemó y que considera la recolección de semillas para la siembra y/o viverización.

En cuanto a aprendizajes, tenemos una línea de trabajo basada en la filosofía ambiental de campo,Véase https://ieb-chile.cl/aprende-sobre/filosofia-ambiental-de-campo. que plantea la conservación de sujetos de estudio, no objetos. En esta línea, el fuego es un elemento de la naturaleza, cuya fuerza impacta, pero también nos permite apreciar la conciencia colectiva y regeneración ecosistémica.

La naturaleza es regeneración y resiliencia. Las personas habitan otras temporalidades, y es bueno recordar que no sobrevive el más fuerte, sino quien se adapta. Mis abuelos también vieron sequías, cuando el cerro estaba pelado por el corte de leña para máquinas a vapor, y antes, Aculeo fue desierto y bosque tropical. Si bien tratamos de conservar, esto no implica un status quo. Como humanos también debemos tomar acciones tales como incorporar tecnologías para frenar el cambio climático. Es un gran tema de movilizar voluntades.

Caminata en grupo para visitar las zonas quemadas y en regeneración en los Altos de Cantillana. Pablo González Rivas para Smart Forests, 2024.

Caminata en grupo para visitar las zonas quemadas y en regeneración en los Altos de Cantillana. Pablo González Rivas para Smart Forests, 2024.

FMA: A propósito de imágenes esperanzadoras ante la crisis socioecológica que atravesamos, en el invierno pasado se masificó que la laguna Aculeocercana a la reserva- había vuelto a tener agua. En tu opinión, ¿cómo equilibrar la necesidad de contar historias esperanzadoras ante la realidad dinámica de la naturaleza?

FR: Muchas veces, como humanos, tenemos una esperanza individualista; ahí es necesario tener un sentido crítico, pues evaluamos todo de acuerdo a nuestra propia escala. Además, existe una necesidad de información verídica y contextualizada, ya que hay gente que nunca ha oído de conservación, gente que vive en este valle.


Mientras un incendio es más visible, a veces no prestamos atención a la resiliencia intrínseca de la naturaleza. Otra perspectiva que tal vez no se conoce es que una sequía puede ser más devastadora que un incendio a nivel ecosistémico, y es necesario contar esas historias también. La Tierra tiene una línea de tiempo constante, como humanos entramos en ese guión, y tenemos gran influencia.

Creo que la causa de que las personas no tengan una esperanza inherente es, en gran medida, la desconexión con la naturaleza, lo que tiene efectos en la salud mental. Yo tengo semillas de mis abuelas; me encanta desgranarlas y plantarlas, también tejer. Hoy, existe gente que nunca se ha conectado con la dimensión terapéutica de ese contacto, además la tecnología actual nos distrae.

La naturaleza es lo que el ser humano necesita para estar bien. Hoy, está lleno de jóvenes encerrados en cubículos, en el mismo sistema educativo ocurre. La naturaleza es un fractal: vemos ciclos en miles de años y también de cada año, cuando un tomate nace, crece y muere. Podemos tener la esperanza de que en cada primavera habrá tomates. Te digo esto porque hay gente que no sabe. Cree que los tomates se dan en árboles; están desconectados.

FMA: En tu labor como administradora de la reserva, ¿qué experiencias colectivas han impactado en los hábitos de la comunidad aledaña?

FR: El sentido de comunidad se ha perdido de alguna forma, si lo comparamos con la vida de campo más antigua. Ahora la gente apoya, pero quizás eso se potencia cuando ocurre una contingencia. Lo que quiero decir es que cuesta tener convocatoria a un curso donde se enseña a apagar las llamas, pero si ocurre un incendio, la comunidad se activa para ir a apagarlas. Hay un imaginario de cómo podría ser una buena comunidad y hemos tratado de crear esas instancias al hacernos responsables de generar conexión con la naturaleza, por ejemplo, por medio de la educación, aunque en la práctica sea responsabilidad del Estado. Buscamos unir a las comunidades más allá de los desastres, generar eventos para reunirnos no solo en momentos dolorosos.

El trabajo que hemos hecho con las escuelas en Rangue y Pintué ha sido para conectar a las personas y sus propios territorios.Se trata de escuelas de 200 a 250 alumnos, con formación prebásica y básica ubicadas a los pies de la reserva. La crisis social en torno a la sequía logró conectarnos, de hecho, porque era de tal magnitud el desastre que la gente empezó a ceder. Existían intereses muy diversos: de lancheros, agricultores con derechos de agua, un universo diferente a lo que pasa en una reserva que no puede desconectarse de la labor que aquí se realiza.

FMA: Desde 2016 trabajan con estas escuelas. ¿Qué tipos de aprendizajes han vivido con las comunidades escolares?

FR: Hace 10 años, en las escuelas trabajábamos con hijos de agricultores y campesinos. Con el tiempo se ha ido urbanizando y homogeneizando el perfil de los alumnos, y las vulnerabilidades han aumentado. Desde 2005 que se realizan acciones de educación en las escuelas en la reserva y ya desde 2016 trazamos un proyecto a largo plazo para que todos los años existan acciones educativas. Hay cursos que nos han entregado las horas de ciencia y eso es una gran responsabilidad. Hemos trabajado con todos los niveles.

Hoy, lo ideal es realizar al menos una o dos clases en aula y una salida a terreno a la reserva. Antes de la pandemia habíamos empezado a salir a otras áreas de conservación que eran socias de la asociación Así Conserva Chile. Eran giras pedagógicas que incluían pernoctar, pero actualmente los desafíos han cambiado, los profesores dicen que no están las condiciones para abordar problemas como la hipersexualización de los niños, de manera que es necesario pensar en recursos de intervención psicológica.

En el contexto educativo permean problemas estructurales y es importante no olvidar que como profesionales de la conservación, vivimos en una suerte de burbuja por estar en contacto con la naturaleza. Un aprendizaje importante en ese sentido, es que no podemos perder la perspectiva de la realidad. Al mismo tiempo, uno de los mayores desafíos es trabajar con las frustraciones y entender que no podemos resolver todos estos desafíos desde la conservación vinculada a la educación, pero sí podemos tener un horizonte claro hacia donde avanzar.

FMA: A modo de conclusión, ¿qué perspectivas sobre la relación entre seres humanos y más que humanos, desde tu experiencia, podrían nutrir los análisis para prevenir desastres naturales en el futuro?

FR: La filosofía ambiental de campo planteada por Ricardo Rozzi, como te señalaba, apunta a la necesidad de ver más allá de los paisajes, los bosques o una masa de vegetación, pues debemos ser capaces de percibir la diversidad de árboles, bacterias o animales. La mayoría no sabe de qué hablamos cuando decimos naturaleza, conservación y medioambiente. Se suelen relacionar estos ámbitos con la contaminación y el reciclaje, es decir, las realidades más al alcance.

Debemos dejar de ver paisajes: son ecosistemas vivos y complejos, es decir, se quema un ecosistema vivo, no un paisaje. Es necesario entender el impacto de los ecosistemas en las personas. Por ejemplo, los santiaguinos deben recordar que tenemos agua gracias a la cordillera y que habitamos suelos que se formaron por procesos de miles de años. Hay que vincular el alza del precio de los alimentos y el aumento de su importación con que estamos siendo menos capaces de producir alimentos en relación a la escasez del suelo. Hay que entender la cadena de relaciones que hace posible nuestra vida.

Respirar la Lumbre

Fernanda López Quilodrán

Árboles nativos en extinción que resisten la temperatura del fuego, plantas que germinan en la huella del incendio, micro-mundos que se regeneran al interior del bosque. ¿Existe un patrón en su capacidad de supervivencia? ¿Es la adaptabilidad del reino vegetal una pauta a seguir?

Estar vivo implica la capacidad de respirar. En la exhalación se entrecruzan alientos, partículas y soplos de los diversos seres que convivimos en un contexto. ¿Podríamos entonces conversar con otros reinos a través de nuestras respiraciones? ¿Cómo comunicarnos con estos ecosistemas resilientes para aprender de ellos? ¿Cómo respiramos después del fuego?

Imagen capturada por cámara trampa de Fernanda López Quilodrán recorriendo Bosque Pehuén con su traje de medición de CO2 de tres para dialogar, por medio de la exhalación, con el bosque y el aire. Sobre la imagen fragmento de diagrama de flujo de las relaciones químicas de la Araucaria y el Bosque. Residencias Bosque Pehuén–Ecologías de Fuego, La Araucanía, Chile, 2024.

Imagen capturada por cámara trampa de Fernanda López Quilodrán recorriendo Bosque Pehuén con su traje de medición de CO2 de tres para dialogar, por medio de la exhalación, con el bosque y el aire. Sobre la imagen fragmento de diagrama de flujo de las relaciones químicas de la Araucaria y el Bosque. Residencias Bosque Pehuén–Ecologías de Fuego, La Araucanía, Chile, 2024.

Fernanda López Quilodrán recorriendo Bosque Pehuén con su traje de medición de CO2 de tres para dialogar, por medio de la exhalación, con el bosque y el aire. Residencias Bosque Pehuén–Ecologías de Fuego, La Araucanía, Chile, 2024.

Fernanda López Quilodrán recorriendo Bosque Pehuén con su traje de medición de CO2 de tres para dialogar, por medio de la exhalación, con el bosque y el aire. Residencias Bosque Pehuén–Ecologías de Fuego, La Araucanía, Chile, 2024.

Respirar la lumbre es un proyecto que explora la comprensión de lo vivo mediante la observación y comparación de las relaciones existentes en los reinos vegetal y animal, estableciendo conjeturas posibles al momento de respirar,Me he basado en los postulados del biólogo Gregory Bateson, quien proponía que mediante la observación y comparación de figuras, formas y relaciones, se establecen patrones y criterios para comprender a un otro como ser vivo. y reflexionar, como diría Haraway, en la relación con la otredad significativa. Por medio de un traje de medición de CO2 de tres canales, conecto la exhalación de mi cuerpo, la de un ser vegetal y las emisiones presentes en el aire. Estos datos capturados son transformados en palabras que aparecen en tiempo real en una pantalla LED incorporada en el traje. Están asociadas a cada reino y a los efectos que en cada cuerpo se produce debido a los diversos factores de la crisis climática.

En la residencia Ecologías de Fuego en Bosque Pehuén de la Fundación Mar Adentro, esta relación se dio durante una caminata al interior del bosque, entre la respiración de árboles de Araucarias, plantas cercanas al suelo y mi exhalación. Desde esta acción surge un diagrama de relaciones que conecta el paisaje habitado con el fuego y lo humano, haciendo visibles las microinteracciones químicas que se producen a nivel interno y externo. Desde este diagrama surgen las palabras que generan un poema en tiempo real, el cual incorporé dentro de una fotografía del bosque.

Diagrama de flujo de las relaciones químicas entre los seres que habitan Bosque Pehuen. Fernanda López Quilodrán, 2024.
Diagrama de flujo de las relaciones químicas entre los seres que habitan Bosque Pehuen. Fernanda López Quilodrán, 2024.