Ecologías del Fuego

2026

Ecologías del Fuego

ECOLOGÍAS
Y COSMOLOGÍAS
DEL FUEGO

Fuego, Incendio, Megaincendio:
Ecologías de Fuego

Jennifer Gabrys—Smart Forests

Los incendios forestales son un fenómeno recurrente y, a menudo, constituyen una parte integral del proceso de rejuvenecimiento de los paisajes. Sin embargo, con el cambio climático, el aumento de las temperaturas y la aridificación, los incendios forestales son cada vez más extensos y severos, afectando a paisajes que normalmente no habrían sido objeto de ellos. Durante 2024, Sudamérica sufrió algunos de los incendios más grandes de la historia, con más de 85 millones de hectáreas quemadas en ocho países. Entre ellos se encuentran los humedales del Pantanal en Brasil, donde ardieron 440 000 hectáreas, y 162 incendios forestales en Chile, donde las altas temperaturas y una megasequía crearon condiciones altamente inflamables. En el punto álgido de estos incendios en Sudamérica, el Sistema Global de Información sobre Incendios Forestales detectó remotamente cientos de miles de focos de incendio, lo que generó unas emisiones de carbono sin precedentes.Copernicus Atmosphere Monitoring Service (CAMS), CAMS Global Wildfires Review 2024.

Desde los ecosistemas del chaparral y la sabana de robles de California hasta los bosques boreales del norte, los bosques amazónicos y El Cerrado de América del Sur, los incendios se vuelven cada vez más intensos y destructivos. Los incendios de Los Ángeles en EE.UU., un suceso que se prolongó durante varias semanas en enero de 2025 y que destruyeron más de 23 000 hectáreas de terreno, ponen de manifiesto el creciente impacto de los incendios forestales en el medioambiente. Se trata de uno de los incendios más graves de la historia de la zona, que arrasó edificios e infraestructuras con muros de fuego en rápido avance, destruyendo barrios enteros.McCarthy and Richter, “4 Graphics Explain Los Angeles’ Rare and Devastating January Fires.” Desde principios de 2025, casi un millón de hectáreas de tierra han ardido en Europa, lo que equivale a 1923 incendios y la emisión de 39,4 Mt de CO2. En otros lugares, 15 millones de hectáreas de bosques boreales canadienses se quemaron en 2023 y más de 3 millones de hectáreas en 2024. Esto supone más del doble de la superficie media quemada en Europa entre 2006 y 2024.Joint Research Centre, “Current Wildfire Situation in Europe.” En tanto, los incendios forestales en Australia han consumido más de 140 millones de hectáreas entre 2023 y 2024, tras los intensos incendios forestales de años anteriores. Según el ecólogo especializado en incendios Andrés Fuentes Ramírez y sus coautores, «cada vez se producen más incendios forestales en todo el mundo, con una estimación de 350 millones de hectáreas quemadas al año».Arroyo-Vargas et al., “Impacts of Fire Severity.”

El fuego puede reconfigurar las ecologías.Gabrys, “Sensing a Planet on Fire.” Los megaincendios, en particular, están reconfigurando las ecologías globalmente,Petryna, “Wildfires at the Edges of Science”; Anthes, “How Megafires are Remaking the World.” contribuyendo a la transformación de la flora y la fauna, a la reducción de emisiones de carbono y a puntos de inflexión medioambientales que pueden contribuir a condiciones aún más inciertas. Los incendios son cada vez más destructivos. Con la aceleración del cambio climático, que incluye el aumento de las temperaturas, los fenómenos meteorológicos extremos y la aridificación y desertificación, es más probable que se produzcan incendios de mayor severidad.MacCarthy et al., “The Latest Data Confirms: Forest Fires Are Getting Worse.” Al mismo tiempo, los patrones de uso del suelo se han complejizado, lo que ha generado condiciones más propensas a incendios debido a la expansión urbana, las interfaces entre zonas silvestres y urbanas, y la acumulación de combustible.

Rastros de incendios históricos en Bosque Pehuén. Jennifer Gabrys, 2024.
Rastros de incendios históricos en Bosque Pehuén. Jennifer Gabrys, 2024.

El fuego es un elemento de cambio y de relación: desencadena transformaciones y crea condiciones para su continuidad, desde la vegetación y las condiciones atmosféricas hasta organismos como los seres humanos, que se convierten en generadores de fuego. Stephen Pyne utiliza el término Piroceno para analizar la larga y repentina historia de cómo los seres humanos han utilizado el fuego para remodelar el planeta. Sin embargo, Pyne sugiere que el fuego también ha utilizado a los seres humanos como portadores y amplificadores de su poder; crea y sostiene mundos de fuego, donde coevoluciona con la vida.Pyne, The Pyrocene. En estas condiciones, el fuego también puede ser un agente de destrucción, no solo arrasando asentamientos y paisajes, sino también generando ecologías transformadas y un "clima de incendios" en forma de eventos pirocumulonimbos, sistemas meteorológicos distintivos que incluyen tornados de fuego, formación de nubes y dinámicas atmosféricas que pueden propagar condiciones aptas para incendios cada vez más intensas.Vaillant, Fire Weather.

El fuego en Chile se encuentra igualmente atrapado en una relación mutable y vacilante con la agitación planetaria. A diferencia de California, la vegetación en Chile no ha dependido históricamente del fuego para su germinación o regeneración, y la gran mayoría de los incendios son de origen humano.Úbeda and Sarricolea, “Wildfires in Chile.” Sin embargo, los paisajes chilenos se han adaptado en algunas circunstancias al fuego provocado por rayos, por actividad volcánica y por prácticas humanas que han remodelado el entorno para favorecer la caza, la agricultura y, finalmente, la silvicultura y el desarrollo.Otero, Huella del Fuego. Los recientes incendios en Chile han aumentando en alcance e intensidad, a menudo provocados por actividades humanas intencionadas o accidentales en zonas cada vez más afectadas por el clima, con patrones de uso del suelo complejos y, a menudo, insostenibles. Los incendios de Viña del Mar en 2024 fueron uno de los desastres más letales de la historia de Chile, lo que llevó al presidente Gabriel Boric a declarar un estado de emergencia.Martínez, et al., «Informe de daños». Las huellas de la gravedad de los incendios en la Reserva China Muerta en la región de La Araucanía (Chile) del 2015 aún permanecen, fuego que fue provocado accidentalmente por una hoguera que no se apagó correctamente y que causó la destrucción de más de 6.000 hectáreas de tierra, incluidas 3.765 hectáreas de bosques de araucaria y Nothofagus, endémicos del cono sur de América.Fuentes Ramírez et al., “Spatio-Temporal Variation in Soil Nutrients and Plant Recovery.”

Debido a la creciente severidad de los incendios en los paisajes chilenos, sudamericanos y mundiales, pusimos en marcha el proyecto Ecologías de Fuego, una iniciativa colaborativa y de recopilación de datos para generar una investigación transdisciplinar sobre los cambios en los regímenes de incendios en Chile. Fruto de la colaboración entre el proyecto de investigación Smart Forests de la Universidad de Cambridge y la Fundación Mar Adentro (FMA), la iniciativa se centró en la región de La Araucanía, en el centro-sur de Chile, donde se encuentra el área de conservación de FMA, Bosque Pehuén. Esta área de conservación de 896 hectáreas en la cuenca del río Toltén en Palguín Alto, se compone de ecosistemas de bosques templados e incluye una excepcional variedad de flora y fauna, entre ellas la araucaria, monumento nacional y árbol sagrado de esta región. Al sur y oeste del área de conservación se encuentra el Parque Nacional Villarrica, donde se encuentra, también, el volcán Villarrica (Rucapillán en mapudungun), uno de los volcanes más activos de Sudamérica. Al sureste del sitio se encuentra el volcán Quetrupillán, un volcán inactivo dentro de la cordillera de Los Andes, que por lo demás se caracteriza por una intensa actividad geológica.

Iniciamos la colaboración Ecologías de Fuego en mayo de 2023, llevando a cabo investigaciones a través de reuniones, visitas en terreno, entrevistas y encuentros que congregaron a agentes, expertos y profesionales en torno a diversos aspectos relacionados a los incendios. A partir de noviembre de 2023, colaboramos en la creación de una residencia artística y científica en Bosque Pehuén, con cinco residentas seleccionadas, –Bárbara Acevedo Strange, Fernanda López Quilodrán, Gianna Salamanca, Pamela Iglesias y Valeria Palma– quienes residieron cinco semanas en Bosque Pehuén, de marzo a abril de 2024, para trabajar en temas relacionados con el fuego en el paisaje chileno y más allá.Una serie de videos sobre los resultados de estas investigaciones están disponibles en el canal de Youtube de Fundación Mar Adentro, específicamente, Bárbara Acevedo Strange, https://www.youtube.com/watch?v=yvZ7FEx4HxA; Fernanda López Quilodrán, https://www.youtube.com/watch?v=YrMis52L9W4; Gianna Salamanca, https://www.youtube.com/watch?v=85wEsRzy5-0; Pamela Iglesias, https://www.youtube.com/watch?v=rTzKv_zZnwo; y Valeria Palma, https://www.youtube.com/watch?v=TTI_59W0IMw. Como se analiza con más detalle en el siguiente capítulo, las residentas desarrollaron diversas investigaciones sobre las dimensiones bioculturales del fuego, visualizaciones de los procesos de oxidación, registros de diferentes especies de árboles y su inflamabilidad, así como una exploración sobre el fuego y los ecosistemas de bosque desde la cosmovisión mapuche. Estas iniciativas transdisciplinarias abrieron un espacio para ampliar el diálogo sobre las múltiples dimensiones del fuego.Errázuriz et al., “Fire Ecologies.”

El programa de residencias se convirtió en un espacio central para reflexionar sobre cómo las prácticas culturales relacionadas al fuego interactúan con los paisajes y cómo podrían o deberían reconfigurarse. La vinculación con el fuego puede variar según las disciplinas y prácticas. Consideramos cómo las artes, el diseño, la arquitectura, los medios de comunicación, la literatura, la historia, la antropología, las ciencias naturales, la planificación y la política abordan la fuerza y los efectos del fuego en entornos cambiantes. Además de transitar por diferentes disciplinas, observamos cómo la comprensión del fuego difiere entre los organismos y las escalas, donde el fuego desde la perspectiva de una planta puede dar lugar a investigaciones sobre la inflamabilidad, mientras que una visión cultural o social del fuego puede generar atención hacia las redes y prácticas colectivas para gestionar los incendios. Una visión más amplia del paisaje puede mostrar cómo los patrones del fuego están cambiando con el tiempo.

Vista desde el interior del Salto de la Mariposa en Bosque Pehuén. Jennifer Gabrys, 2024.
Vista desde el interior del Salto de la Mariposa en Bosque Pehuén. Jennifer Gabrys, 2024.

El fuego conlleva una agencia biocultural, una herencia territorial, un significado ceremonial, así como un símbolo de sustento, destrucción y transformación. Para abordar las prácticas pluralistas relacionadas con el fuego y los conocimientos específicos de cada lugar, en abril de 2024 organizamos dos escuelas de campo, una en Bosque Pehuén con las residentas, donde indagamos en historias y prácticas relacionadas con el fuego en el lugar, y una segunda en la Universidad de la Frontera en Temuco, donde nos reunimos con actores claves de CONAF (Corporación Nacional Forestal), redes comunitarias de prevención de incendios, investigadores académicos y otros actores que trabajan en temas relacionados con el fuego.Tiara Torres et al., “Fire Ecologies”; Tiara Torres et al., “Community Fire Plans.” Documentamos y reflexionamos sobre estas sesiones de las escuelas de campo en nuestro Smart Forests Atlas, en el que se describen los métodos y las principales conclusiones. A partir de estas primeras etapas del proyecto, realizamos una amplia serie de entrevistas y visitas a terreno con comunidades, investigadores y agentes gubernamentales que trabajan en temas relacionados con los incendios en las regiones de La Araucanía, Los Ríos, Bío-Bío, Ñuble, Valparaíso y Metropolitana. Lo que descubrimos es que las prácticas transdisciplinarias, ancestrales y colectivas en relación al fuego pueden dar lugar a diferentes formas de habitar la tierra.

Publicamos una selección de estas conversaciones en nuestro Smart Forests Radio en formato de podcast para que más personas pudieran escucharlas.Smart Forests Radio, “Forest Fires.” Posteriormente, celebramos una tercera escuela de campo en el campus Pucón de la Universidad de La Frontera para centrarnos específicamente en qué redes, tecnologías y prácticas podrían ser más beneficiosas para los miembros de una comunidad a la hora de enfrentarse a un incendio. Este encuentro final incluyó presentaciones, mapeos colectivos y especulaciones sobre las condiciones y las relaciones del fuego, incluyendo un juego en torno al fuego de una de las artistas residentes, Bárbara Acevedo Strange. Su proyecto, incluido en esta publicación (pp. 210–215), trabaja con gestos, figuras y eventos especulativos para evocar diferentes relaciones y posibilidades del fuego. Esta última escuela de campo también está documentada en nuestro Smart Forests Atlas,Tiara Torres et al., “Exchange of Community Experiences.” junto con un documental y un informe que presentan los resultados de esta investigación en el contexto del proyecto más amplio de Smart Forests.Mind the Film with Smart Forests. Smart Forests film.

Saberes locales, memoria cultural, prácticas ancestrales relacionadas con el fuego, historias en relación al fuego e historias de la tierra, impregnaron nuestros debates colectivos a lo largo de las numerosas reuniones, eventos e intercambios sobre cómo el fuego influye en las relaciones con la tierra, la investigación y las prácticas. En este sentido, esta publicación muestra cómo las culturas del fuego son un elemento central al considerar los diferentes significados y relaciones con el fuego. Incluso a nivel lingüístico y de traducción, descubrimos que al trabajar entre el español e inglés se podían abrir diferentes tipos de prácticas culturales y de fuego. Fuego, incendio, megaincendio—o fire, wildfire, y megafire—fueron tres términos que nos lanzaron a un debate continuo sobre los tipos de fuego, sus conexiones y efectos, las distintas técnicas y tecnologías implicadas en los momentos de ignición y de monitoreo de los incendios, y las prácticas que podrían surgir para crear compromisos colectivos para prevenir un incendio. Fuego, incendio, megaincendio fueron las tres palabras que nos permitieron reflexionar sobre la historia de los incendios en la investigación, la práctica y los diálogos colectivos, así como al interpretar las señales en el paisaje y considerar los aspectos sociales y culturales del fuego.

Los capítulos que siguen, escritos como conversaciones colectivas con los participantes y entrevistados, incluyen temas clave que surgieron de nuestra colaboración, como las cosmologías y culturas del fuego, así como las redes, tecnologías y prácticas relacionadas a este. Entre los capítulos dedicados a cada uno de estos temas se encuentran los trabajos de las residentes de Ecologías de Fuego, junto con entrevistas a personas interesadas que trabajan en temas relacionados. Cerramos esta recopilación con una conclusión que es más bien una apertura en forma de propuestas sobre el fuego, que sintetizan nuestro aprendizaje colectivo en una guía más concisa pero continua sobre cómo abordar los incendios en una época de digitalización y agitación planetaria.

Redes desde los fuegos

La organización social puede tomar forma a partir de fuerzas y acontecimientos ambientales, como han demostrado los numerosos desastres que han azotado el paisaje chileno. En Chile existen organismos, escenarios, modelos y redes sociales para responder a los terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas, todos ellos elementos significativos y distintivos del paisaje. Comparado con estas fuerzas de la tierra, el papel del fuego como agente medioambiental está menos establecido dentro de las infraestructuras comunitarias. Sin embargo, debido al cambio climático y medioambiental, se está convirtiendo en un agente destacado entre las formas emergentes de organización social. El fuego ya no es solamente un desastre, pues se inserta en los procesos de un paisaje que escapa a la lógica usual de respuesta ante estos, al volverse parte de las redes, relaciones y dinámicas de gobernanza que atraviesan un territorio.

La colaboración Ecologías de Fuego exploró cómo se configura la organización social en relación con los incendios. Desde los manuales comunitarios de prevención de incendios elaborados por la Corporación Nacional Forestal (CONAF) hasta las infraestructuras comunitarias de incendios de la Reserva Altos de Cantillana, aprendimos sobre una amplia gama de relaciones sociales que están tomando forma en respuesta a los incendios. El capítulo «Redes desde el Fuego», que sigue a continuación, analiza con más detalle nuestras exploraciones, y conversaciones, que buscan documentar y analizar este importante componente de las relaciones socioecológicas, e informar nuestro conjunto de propuestas y conclusiones en el capítulo final.

Tecnologías desde los fuegos

El proyecto de investigación Smart Forests indaga en la creciente digitalización de los entornos forestales en una época de cambio planetario. Se pregunta cómo los bosques se están convirtiendo en entornos digitales y cuáles podrían ser los efectos sociopolíticos de estos cambios. El fuego es uno de los ámbitos en los que la tecnificación es cada vez mayor, ya que las prácticas de vigilancia, combate y prevención de incendios forestales se llevan a cabo a menudo con la ayuda de herramientas digitales. Desde la teledetección para localizar zonas de riesgo de incendios, hasta el análisis con inteligencia artificial para emitir alertas en tiempo real, pasando por aplicaciones comunitarias y herramientas geoespaciales para la recuperación tras los incendios, cada vez son más variadas las herramientas e infraestructuras digitales para monitorear y responder ante los incendios.Wonder Labs, The State of FireTech Annual Update. Como parte de esta investigación colaborativa Ecologías de Fuego, hemos analizado específicamente cómo las tecnologías digitales contribuyen a remodelar las redes, herramientas y prácticas relacionadas con el fuego.

Prácticas desde los fuegos

Nuestra investigación y colaboración se centró especialmente en las prácticas de prevención de incendios, desde planes comunitarios hasta programas educativos, comités de preparación y formación de gobernanzas específicas. Encontramos muchos ejemplos de iniciativas lideradas por la comunidad que a menudo incluyen prácticas para prevenir los incendios y acciones a tomar ante su propagación, prestando, también, atención a la restauración de paisajes tras un incendio. En términos de gobernanzas a nivel país, CONAF ha desarrollado una metodología de prevención de incendios para su adopción por las comunidades, con el fin de armonizar la integración de estas técnicas en las diferentes regiones de Chile.

Adicionalmente, otro hallazgos fue la existencia de oportunidades para que las comunidades se unieran, aprendieran unas de otras sobre diferentes prácticas de prevención de incendios, crearan programas educativos, se conectaran con institutos de investigación y sus recursos, crearan formas plurinacionales de mapeo y planificación, e impulsaran una acción ambiental colectiva en un momento de transformación planetaria sin precedentes. En algunos casos, las prácticas de prevención de incendios incorporan tecnologías, incluidas herramientas e infraestructuras digitales, para coordinar y analizar los planes y los eventos relacionados con los incendios. En otros casos, las tecnologías digitales están alejadas de las prácticas comunitarias, que dependen más de técnicas análogas y de la organización comunitaria. Como sugiere nuestra conclusión, existen oportunidades para conectar las prácticas de incendios con el fin de que las comunidades intercambien conocimientos y creen recursos compartidos, y para promover vinculaciones educativas y culturales con el fuego que sean sensibles a los diferentes enfoques de gestión de este y de los suelos.

Propuestas para convivir con los incendios

Nuestra conclusión toma la forma de propuestas para convivir con el fuego. Ofrecemos un enfoque conceptual y práctico sobre los incendios que tiene en cuenta los entornos cambiantes y las nuevas herramientas y técnicas, así como los modos de organización social y de vinculación cultural, que ayudan a navegar por estas ecologías sensoriales. Al trabajar desde este enfoque transdisciplinar, que aúna arte, cultura, conocimientos indígenas y locales, sociología, ciencias ambientales y tecnología digital, buscamos contribuir a una comprensión del fuego que sea a la vez técnica y poética.

Esta colección sugiere que, con los cambios en los patrones del fuego, es necesario redefinir nuestra relación con este elemento. Esto requiere adoptar un enfoque más holístico que se aleje de la lucha o la supresión del fuego, para cambiar la forma en que pensamos sobre este hacia una que lo comprenda como un sistema integrado por componentes sociales, culturales, ecológicos y tecnológicos. Sugerimos que este enfoque pluralista puede ampliar y profundizar la comprensión del fuego, al tiempo que crea herramientas mejoradas para la organización social y la acción medioambiental.

Cámara trampa que muestra un gato güiña en Bosque Pehuén. Jennifer Gabrys, 2023.
Cámara trampa que muestra un gato güiña en Bosque Pehuén. Jennifer Gabrys, 2023.

Cosmologías y Culturas
del Fuego en La Araucanía

Maya Errázuriz, Tomás Altamirano,
Felipe Guarda y Sebastián Carrasco
—Fundación Mar Adentro

La combinación única de oxígeno, combustible y calor en la Tierra es lo que permite que el fuego exista, y hasta donde conocemos, este es el único planeta donde las llamas pueden arder. El origen de la palabra fuego proviene del latín focus, que se refiere al sitio donde se prende una lumbre para cocinar y calentar una vivienda, y en su adaptación al castellano, fuego, da paso a la palabra hogar. En el fuego se reúnen personas, saberes, ritos y tradiciones; hay vida, curación, alquimia, curiosidad por conocer y una auténtica recepción de energía. Sin embargo, también hay destrucción, muerte, cicatrices y transformación, especialmente en el contexto del cambio ambiental global.

En el Wallmapu (territorio), la cosmovisión Mapuche nos enseña que el espíritu del kütral (fuego) se llama choñoiwe y se encuentra en el fogón. El kütral lleva mensajes de las personas desde la tierra al Wenumapu (el cielo o la tierra de arriba) a través del humo, y por esta razón siempre se le debe hacer una ofrenda al fuego. Este espíritu se divide en dos energías, chonoiwe füsha (masculino) y choñoiwe küshe (femenino), o “fuego vieja”, compañera de la mujer mapuche. Se dice que ella es quien llamó a Lalen Kuze, la araña que enseñó a tejer en el epew (relato) sobre el origen del hilado.Texto adaptado según conocimientos entregados por Ana Millaqueo, educadora intercultural, en una capacitación sobre el fuego realizada el 30 de julio, 2025 en Bosque Pehuén, Chile. El fuego, en este territorio, es un elemento que posibilita la vida y sostiene rituales fundamentales. Bajo esta epistemología territorial del fuego, consideramos que, a la hora de pensar y trabajar sobre este elemento en contextos de ecología y conservación, es importante ampliar las miradas más allá del prisma científico.

Historias del fuego en La Araucanía

La región de La Araucanía, en el sur de Chile, se extiende entre los 37°35’ y 39°37’ de latitud sur, desde las altas cumbres de la cordillera de Los Andes hasta el océano Pacífico. Su vegetación se desarrolla bajo un clima templado lluvioso, con una pluviometría anual que alcanza los 1.250 mm, concentrada en los meses de invierno. En La Araucanía Andina predomina el clima frío de altura con un aumento de precipitaciones (en forma de lluvia y nieve), con temperaturas bajo 0° C durante el invierno.AGRIMED, Atlas Agroclimático de Chile.

El clima de la región, su geomorfología y suelos volcánicos facilitan el desarrollo de una abundante vegetación, caracterizada por la presencia de diversas formaciones, desde bosques caducifolios en los valles con influencia mediterránea (bosques de Nothofagus obliqua y Cryptocarya alba) hasta abundantes bosques templados lluviosos y bosques de coníferas dominados por la emblemática Araucaria araucana.Luebert y Pliscoff, «Sinópsis bioclimática y vegetacional de Chile». La historia del fuego en La Araucanía está fuertemente marcada por la transición desde regímenes naturales y de manejo ancestral del fuego, hacia incendios de alta severidad y extensión, impulsados por la acción humana y sus profundos cambios en el paisaje.Otero, La huella del fuego; González et al., «Cambio climático y su impacto potencial». A una escala temporal amplia, el fuego fue una perturbación natural clave en la ecología de los ecosistemas del sur de Chile, actuando como un conductor de cambios en bosques templados, bosques de araucaria y matorrales.Veblen et al., “Fire History in Northern Patagonia.”

Almuerzo con "sopa de fuego" durante la escuela de campo en Bosque Pehuén. Maya Errázuriz, 2024.

Almuerzo con "sopa de fuego" durante la escuela de campo en Bosque Pehuén. Maya Errázuriz, 2024.

Las comunidades mapuche utilizaban el fuego de forma controlada con fines agropecuarios, mediante un manejo del paisaje basado en un régimen de fuego de baja intensidad. En los lomajes suaves y zonas precordilleranas se practicaba una “agricultura de claro de bosque”, aprovechando la fertilidad de los suelos forestales y su rápida resiliencia posterior a los incendios.Otero, La huella del fuego; Cárdenas et al., Los Chonos y los Veliche de Chiloé. Sin embargo, durante los siglos XIX y XX con la colonización y el avance de la frontera agrícola en Chile, se comenzó a intensificar el uso del fuego para la conversión de bosques en tierras aptas para la ganadería y agricultura, generando una gran deforestación e incendios de gran magnitud. En el siglo XX, especialmente después de los años 70, la expansión de plantaciones de monocultivo de especies exóticas (Pinus spp. y Eucalyptus spp.) han alterado significativamente la estructura, composición y funciones de los paisajes de esta región, aumentando la continuidad de combustibles y la susceptibilidad al fuego.Castillo et al., "A Recent Review of Fire Behavior and Fire Effects."

En las últimas décadas, la conjugación de procesos socioecológicos como el cambio climático, las invasiones biológicas, el abandono rural, la acumulación de biomasa y el crecimiento de la interfaz urbano-rural de La Araucanía, ha contribuido al aumento considerable de la frecuencia, extensión y severidad de los incendios. Estos eventos representan una amenaza cada vez mayor para los ecosistemas y las comunidades locales de la región.Úbeda y Sarricolea, “Wildfires in Chile.” Según datos publicados por la Corporación Nacional Forestal (CONAF),Más información y detalle de estos datos en: https://www.conaf.cl/incendios/situacion-actual-y-pronostico-de-incendios. entre 2023 y 2025, el número de incendios en la región supera los 1.300 incidentes, con una superficie afectada de 60.150 hectáreas sólo en la temporada 2024-2025.

En el actual contexto de cambio global, la gestión del fuego en La Araucanía enfrenta desafíos importantes, entre los que se encuentra la integración de conocimientos científicos, saberes tradicionales y prácticas locales para desarrollar estrategias comunitarias de prevención y gestión de incendios.

Bosque Pehuén, La Araucanía, Chile. Maya Errázuriz, 2024.

Bosque Pehuén, La Araucanía, Chile. Maya Errázuriz, 2024.

Charla-caminata por Bosque Pehuén durante el programa de residencias Ecologías de Fuego junto a Sebastián Carrasco, encargado de proyecto de conservación de Fundación Mar Adentro, Sophie Halart, investigadora asociada de las residencias. Rocío Olmos, 2024.

Charla-caminata por Bosque Pehuén durante el programa de residencias Ecologías de Fuego junto a Sebastián Carrasco, encargado de proyectos de conservación de Fundación Mar Adentro, Sophie Halart, investigadora asociada de las residencias. Rocío Olmos, 2024.

Laboratorio natural para una conservación transdisciplinaria

Desde el 2006, como Fundación, hemos impulsado el laboratorio natural Bosque Pehuén, un espacio de integración de saberes sobre los bosques templados de La Araucanía Andina. Antiguamente explotadas con fines madereros (década de los 70), estas aproximadamente 900 hectáreas hoy ofrecen un corredor biológico para el Parque Nacional Villarrica y refugio para muchas especies nativas en la localidad de Palguín Alto, dentro de la comuna de Pucón.

Como parte de los esfuerzos transdisciplinarios para proteger el área, y siguiendo los estándares abiertos para la práctica de la conservación, en los últimos dos años hemos realizado talleres participativos con académicos, vecinos e instituciones públicas para definir valores de conservación y sus amenazas y acciones prioritarias de gestión del área. Una de las amenazas más relevantes identificadas fueron los incendios forestales. Esta amenaza presenta desafíos particulares, a diferencia de otras, que pueden manejarse al interior del área, debido a que un incendio puede propagarse desde fuera del área y por múltiples causas. Por más preparada que un área de conservación pueda estar en su interior, lo que sucede en zonas aledañas está fuera del control de quienes la gestionan. Así, es una amenaza que, necesariamente, debe ser abordada de forma comunitaria, relacional y desde distintos saberes y perspectivas transdisciplinarias.

Cada vez se hace más evidente que los incendios son uno de los mayores generadores de perturbaciones en ecosistemas naturales,Bond and Wilgen, Fire and Plants; Roces-Díaz et al., “A Global Synthesis of Fire Effects.” con efectos muy heterogéneos en los paisajes.Kobziar et al., “Principles of Fire Ecology.” Los efectos ecológicos del fuego en los bosques pueden verse reflejados en el microclima (e.g., modificando la humedad y temperatura), en el suelo (e.g., pérdida de nutrientes y materia orgánica), en la biodiversidad (e.g., alteraciones en la composición y estructura de comunidades de plantas)Hernández et al., Biodiversidad y en el funcionamiento de los ecosistemas (e.g., calidad de agua, control de erosión y regulación climática).Roces-Díaz et al., “A Global Synthesis of Fire Effects.”

Los bosques templados en el mundo se encuentran entre los bosques tropicales y los círculos polares de ambos hemisferios. Estos se caracterizan por una fuerte estacionalidad, temperaturas extremas y, algunos, por presentar regímenes de incendios naturales que contribuyen a su regeneración y diversidad estructural.FAO, “Global Ecological Zones for FAO Forest Reporting”; Bond and Keeley, “Fire as a Global ‘Herbivore.’” Estos bosques presentan una heterogeneidad en frecuencia, severidad y extensión de incendios, generando mosaicos ecológicos que mantienen la biodiversidad y la estructura del paisaje.Pausas and Keeley, “A Burning Story.” Así, los regímenes de fuego son dinámicos, y responden tanto a factores climáticos interanuales, como precipitaciones, sequías prolongadas, oscilaciones oceánicas y cambios de larga escala, como el cambio climático.Bowman et al., “Fire in the Earth System.” De esta manera, las dinámicas de la vegetación, las condiciones climáticas y las perturbaciones antrópicas, han modelado históricamente las ecologías de fuego de estos bosques. Dependiendo del contexto y la severidad del incendio, el fuego no es solo una amenaza, sino también un proceso ecológico que regula la regeneración de especies, la disponibilidad de nutrientes y la conectividad de hábitats en estos ecosistemas.Certini, “Effects of Fire on Properties of Forest Soils.”; Pausas and Keeley, “A Burning Story”; McLauchlan et al., “Fire as a Fundamental Ecological Process.”

Hoy las ecologías del fuego en bosques templados se ven transformadas y aceleradas por el cambio climático e incremento de la actividad antrópica.Flannigan et al., “Implications of Changing Climate”; McLauchlan et al., “Fire as a Fundamental Ecological Process.” Las altas temperaturas y la sequía han intensificado la frecuencia y severidad de los incendios, alterando los regímenes históricos y sobrepasando la capacidad adaptativa de muchas especies y ecosistemas.Moritz et al., “Learning to Coexist with Wildfire.” Estas nuevas condiciones nos plantean varios desafíos. Por un lado, comprender los umbrales ecológicos que mantienen la resiliencia de los bosques frente al fuego y, paralelamente, diseñar estrategias de manejo adaptativo que integren el conocimiento ecológico con prácticas de prevención y restauración.Lindenmayer et al., “Newly Discovered Landscape Traps.”

Actualmente, las investigaciones sobre las ecologías de fuego en bosques templados reconocen al fuego como un agente esencial de la dinámica forestal, pero también como un fenómeno amplificado por el cambio climático que exige nuevas aproximaciones inter- y transdisciplinarias.

Instalación creada por Valeria Palma para el programa público de las residencias Ecologías de Fuego en Casa Varas, centro cultural en Temuco, abril de 2024. Como resultado de sus investigaciones en Bosque Pehuén, logró extraer aromas de mañío, raulí, tepa, coihue y araucaria. Los asistentes podían oler y adivinar los olores. Marcos Maldonado.

Instalación creada por Valeria Palma para el programa público de las residencias Ecologías de Fuego en Casa Varas, centro cultural en Temuco, abril de 2024. Como resultado de sus investigaciones en Bosque Pehuén, logró extraer aromas de mañío, raulí, tepa, coihue y araucaria. Los asistentes podían oler y adivinar los olores. Marcos Maldonado.

Instalación de Valeria Palma en Casa Varas, abril de 2024. Marcos Maldonado.

Instalación de Valeria Palma en Casa Varas, abril de 2024. Marcos Maldonado.

Enfoques comunitarios y artísticos en pos de la prevención de incendios forestales

Desde nuestra necesidad de profundizar en el estado actual de la prevención comunitaria de incendios forestales en el territorio donde se emplaza Bosque Pehuén, es que surge la colaboración con Smart Forests, cuyo enfoque sociopolítico y cultural, mirado desde los efectos de la tecnologización de los bosques para conocerlos, monitorearlos y gestionarlos, resonaba con las investigaciones que buscamos impulsar como Fundación.

Esta colaboración permitió reunir conocimientos y experiencias de distintas regiones del país, desde la región de Valparaíso, Bio-Bío, Metropolitana y La Araucanía (regiones “emblemáticas” de incendios forestales en el último tiempo). Las formas de conocimiento también fueron diversas, rescatando no solo perspectivas profesionales y académicas sobre el fenómeno de los incendios y su control, sino también perspectivas institucionales de los organismos públicos que día a día deben coordinar esfuerzos de prevención, control y mitigación, el conocimiento localizado de organizaciones comunitarias que desarrollan planes para sus localidades, e incluso prácticas que se realizan en el territorio cercano a Bosque Pehuén.

Adicionalmente, desde el 2016 impulsamos en Bosque Pehuén un programa de residencias de arte, que ofrece una aproximación sensorial y especulativa a la investigación de los bosques templados, generando procesos más integrales y transdisciplinarios a la gestión de esta área de conservación. Cada año, este bosque recibe grupos de investigadores provenientes de diversas disciplinas, tanto artísticas como de las ciencias sociales y naturales, para impulsar una mirada crítica y consciente sobre nuestra relación con la naturaleza. Para su versión número 11 (Ecologías de Fuego), se decide abordar el fuego a modo de integrar las metodologías de este programa junto a la colaboración y procesos investigativos realizados junto a Smart Forests.

Buscando amplificar y generar mayores cruces entre distintas disciplinas, el programa acogió la propuesta de cinco artistas e investigadoras (Bárbara Acevedo Strange, Pamela Iglesias, Fernanda López Quilodrán, Gianna Salamanca y Valeria Palma) que se aproximaron desde múltiples dimensiones socioecológicas y culturales al fuego, y su relación con los bosques. A través de un intercambio de saberes, experiencias, actividades en terreno, estudio de archivos e imágenes, llevaron a cabo una indagación sensible y colectiva sobre las diversas epistemologías del fuego, sus interrelaciones con el cambio climático, implicancias y/o resonancias respecto a género e interculturalidad, y significancias de acuerdo a diversas cosmovisiones presentes en el territorio.Los resultados de esta residencia fueron presentados en un programa público el 16 de abril de 2024 en Casa Varas, centro cultural autogestionado ubicado en la ciudad de Temuco, región de La Araucanía.

En el presente libro, sus aproximaciones nos entregan perspectivas de fuego en donde los escritos de Gianna, nos abren perspectivas acerca de nociones bioculturales sobre el fuego e introducen a relatos e historicidades del carbón vegetal y su relación con insectos, hongos y los suelos en el bosque. Bárbara nos presenta El incendio forestal como planetario: un juego profético, una serie de herramientas visuales y narrativas para la construcción de mundos postapocalípticos. Pamela, en cambio, introduce una mirada intercultural generando una obra de video-performance que se titula Perturbación intermedia, y que toma como punto de inicio el mito mapuche de Lalen Kuze (araña antigua). Fernanda, a su vez, se aproxima al estudio del fuego mediante un desplazamiento del cuerpo y una lectura de emisiones de carbono con un traje que une arte y electrónica. Desde una mirada científica, Valeria estudió la inflamabilidad de cinco especies presentes en Bosque Pehuén: araucaria (Araucaria araucana), tepa (Laureliopsis philippiana), raulí (Nothofagus alpina), coihue (Nothofagus dombeyi), y mañío hembra (Saxegothaea conspicua), cuyos gráficos nos demuestran relevantes resultados a la hora de entender la interacción entre especies cuando se propaga un incendio en estos bosques.

Estas distintas prácticas, junto a los procesos de escuelas de campo que llevamos a cabo a lo largo de esta colaboración, han sido fundamentales para una mejor comprensión de la gestión de los incendios forestales, especialmente en cuanto a la organización comunitaria localizada. Esta investigación transdisciplinaria y participativa nos ha llevado a seguir organizando reuniones con diversos actores, incluso vecinos de la cuenca del Palguín, para codiseñar y coconstruir un plan comunitario de prevención de incendios forestales.

Esperamos con este libro entregar no solo resultados de estos procesos, sino una integración de saberes acerca de los fuegos y su rol ecológico-cultural para una mayor comprensión y preparación ante incendios forestales. Que no falte el agua ni haya inundaciones, que el aire conserve limpio el ambiente y que el fuego del sol se mantenga dando vida: Müñal ta Txawüluwi ta Meli Newen, fey ta mülekey ta Mogen, es decir, solo cuando se juntan o convergen las cuatro energías, hay vida.Afirmación del investigador e historiador Juan Ñanculef Huaiquinao en su libro Tayiñ Mapuche kimün: Epistemología Mapuche, sabiduría y conocimientos.

Relatos e Historicidades
del Carbón Vegetal
y Otras Criaturas

Gianna Salamanca

“Fuego” existe entre un mosaico de tipologías, algunas con más tempestad e ímpetu que otras. En su dimensión humanocentrista, se ha dicho que solo nuestra especie nace y evoluciona con el fuego. Sin embargo, un amplio espectro de homínidos y otras criaturas han interactuado con su existencia. Aun así, no es cuestionable que nuestra especie sea la única que ha aprendido a crearlo por voluntad propia, marcando con ello especulaciones sobre el fin del Holoceno y la emergencia conceptual de un “Piroceno” (Esquema 1).Concepto emergente en las humanidades ambientales que alude, por una parte, al rol estructural del fuego en la configuración geológica contemporánea (“Piroceno”) y, por otra, al uso intensivo de combustibles fósiles y su incidencia en las transformaciones climáticas (“civilización petrofósil”). Véase Pyne, The Pyrocene.

Esquema 1. Evolución de la especie humana y la aparición del fuego antropogénico. Elaborado por Gianna Salamanca a partir de la revisión de fuentes secundarias.
Esquema 1. Evolución de la especie humana y la aparición del fuego antropogénico. Elaborado por Gianna Salamanca a partir de la revisión de fuentes secundarias.

Con la potestad de una civilización petrofósil,Barboza, «Calentamiento global». la concepción de “incendio” arrastra consigo un impulso destructivo que pareciera conferir al fuego una declaratoria de autoridad biogeográfica sobre otras naturalidades. En principio, esto es el despojo de su estatuto elemental como fuerza físico-química y como entidad con capacidad suficiente para autogobernar sus propios patrones climatológicos. Las condiciones atmosféricas favorables, que incluyen la aridificación y los vientos cálidos a más de 30 km por hora, pueden contribuir a la proliferación del fuego. Esto es aceptar que, ante probabilidades de ignición, el fuego puede reanimarse por fuerzas humanas, más que humanas o naturales. Con ello, la reconstrucción de su historia a través del tiempo se nos complica.

En estas notas, especulamos sobre sus orígenes. Nos internamos en bosques densos y especies milenarias, cuya presencia fue lo suficientemente cautivadora como para inscribirse en la imaginación botánica de los jardines victorianos durante la emancipación de las colonias. A partir de la ficción científica y la observación de materias fugaces, evocamos teorías geomíticas y botánicas posthumanistas.Estas aproximaciones se inscriben en discusiones posthumanistas y cosmopolíticas que proponen una democratización ontológica, donde entidades humanas y no humanas —organismos, paisajes, materiales y fuerzas— participan en la configuración de múltiples modos de existencia, cuestionando la noción de “lo natural” como categoría unitaria y proponiendo comprender el cosmos como un espacio plural de relaciones en negociación. Véase Braidotti, Lo posthumano; Braidotti y Hlavajova, Posthuman glossary; y Stengers, Cosmopolitics I. Desde aquí, apostamos por el carbón vegetal como una vía para articular la vida de otras especies, de sus individualidades entrelazadas a personajes caprichosos y a un pluriverso que, bajo raíces, revela un mundo de cartografías unicelulares. Arraigadas a suelos volcánicos y forestales, distintos reinos y sus criaturas permanecerán en latencia durante un tiempo impreciso, a la espera de iniciar su crecimiento. Aunque algunas tendrán que luchar contra el desafío de nunca verse brotar de nuevo.

Dispositivo I: La memoria del carbón vegetal

Objeto 1. Corteza de araucaria (Araucaria araucana) expuesta a procesos de carbonización encontrada en la Reserva Nacional de China Muerta, 2024.

Objeto 1. Corteza de araucaria (Araucaria araucana) expuesta a procesos de carbonización encontrada en la Reserva Nacional de China Muerta, 2024.

Comúnmente, luego de un incendio forestal, el área donde la vegetación ha sido abatida presenta rastros de carbón.  Es natural pensar que toda la materia vegetal fue consumida, pero no son las llamas en sí las que desconfiguran la arquitectura de un ecosistema, sino más bien, el calor que se produce al interior de ellas. En términos fitosanitarios, un árbol o la madera que la sustenta guarda en su estructura dos compuestos orgánicos: celulosa y lignina. En la celulosa, los átomos de carbono están dispuestos en líneas rectas, mientras que, en la lignina, los átomos están organizados en anillos, volviéndose un compuesto sumamente aromático. Con ello, se le confiere al sistema de un árbol grados de dureza y resistencia, marcando una relación con su longevidad en la tierra y con los grados de asociatividad de los reinos de la naturaleza. 

Objeto 2. Coigüe (Nothofagus dombeyi) carbonizado, de Bosque Pehuén, 2024.

Objeto 2. Coigüe (Nothofagus dombeyi) carbonizado de Bosque Pehuén, 2024.

A medida que la temperatura aumenta en presencia de un incendio forestal, los ecosistemas y toda su diversidad biológica se ven expuestos a una serie de reacciones físicas y químicas, lo que implicando una trayectoria hacia su descomposición. Entre algunas especies arbóreas, 20 y 110° C bastarán para expulsar el agua de sus sistemas de vida; a 270° C sus organismos ya podrían quedar absolutamente secos. En esta etapa, gases como monóxido de carbono (CO), dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), ácido acético (CH3COOH) y metanol (CH3OH) comienzan a desprenderse. Entre 270 a 290° C, la materia todavía tiene la capacidad de absorber calor, produciéndose algo de alquitrán, una mezcla de color negro de hidrocarburos líquidos y carbono libre. Por encima de los 290° C emergen algunas reacciones exotérmicas, aumentando aún más la temperatura. Este es el umbral que marca el nacimiento del carbón vegetal, en un proceso llamado pirólisis (Muestra 1). Solo por encima de 400° C el proceso de formación de carbón está completo, llegando a sostener su integridad celular como materia sólida por sobre temperaturas de 1000° C. En síntesis, reconocemos cuatro fases sucesivas: la deshidratación, la torrefacción, la pirólisis y la cumburación.La cumburación corresponde a la fase final de la descomposición termoquímica de la materia leñosa, que ocurre a temperaturas superiores a 700° C y puede culminar en su reducción a cenizas. En contextos arqueobotánicos, esta fase delimita el umbral a partir del cual la preservación del material vegetal carbonizado se ve comprometida. Si la combustión se detiene en la torrefacción, los frutos y las semillas conservan su morfología externa, aumentando la probabilidad de su identificación botánica.Scott, Planeta en llamas.

Muestra 1. Fragmento de carbón vegetal de Bosque Pehuén, 2024. Fase: Pirólisis, entrando a etapa de cumburación.

Muestra 1. Fragmento de carbón vegetal de Bosque Pehuén, 2024. Fase: Pirólisis, entrando a la etapa de cumburación.

En el ámbito de la paleobotánica, el carbón se revela como testigo silencioso de incendios ancestrales: sus fragmentos oscurecidos, incrustados en suelos, rocas, medios lacustres y vestigios de bosques, pueden datar del Paleozoico tardío y del Mesozoico, eras geológicas previas a la existencia del ser humano en la Tierra. Estos rastros constituyen puntos cruciales en la investigación sobre la influencia del fuego en la evolución vegetal. Sin embargo, no fue hasta finales del siglo XVII que el carbón capturó la atención científica con pioneros como Robert Hooke, quien lo ilustró en su obra Micrographia (1655), y Marie Stopes, con sus estudios sobre la fusain y la semifusinita.La fusain corresponde a carbón vegetal fosilizado, generado por la carbonización de la madera durante incendios forestales, mientras que la semifusinita es su equivalente transformado en el carbón mineral, resultado de una mayor degradación y metamorfosis bajo presión y calor a lo largo del tiempo geológico. Ambos constituyen indicadores relevantes en el estudio de paleoincendios y de las dinámicas climáticas del pasado. Estos trabajos desentrañaron la relación entre la estructura leñosa carbonizada y sus propiedades reflectantes, que, con el advenimiento del microscopio electrónico de barrido, expusieron por primera vez la transformación de las paredes celulares vegetales durante la carbonización. En efecto, el carbón, como un archivo del tiempo, almacena crónicas detalladas de la flora devastada por incendios de eras pretéritas, ofreciéndonos un escenario para la vegetación, el paisaje, la composición atmosférica y el clima.

Dispositivo II: Carbones entre cortezas monumentales y memorias ígneas

Objeto 3. Corteza de Araucaria araucana encontrada en el camino Araucaria en Bosque Pehuén, 2024.

Objeto 3. Corteza de Araucaria araucana encontrada en el Camino Araucaria en Bosque Pehuén, 2024.

La corteza de las araucarias (Araucaria araucana) resulta particularmente impresionante; basta observar el Objeto 1 y Objeto 3 para advertir su similitud con las capas epidérmicas de una tortuga. Se trata de arquitecturas rígidas y escamosas, lo suficientemente robustas como para resistir ciclos intensos de fuego, tormentas eléctricas y prolongados periodos de nieve. Estas especies han desarrollado sofisticadas estrategias de defensa frente al fuego, entre ellas la formación de cortezas gruesas que aíslan la transmisión del calor hacia los tejidos internos.

Sin embargo, este mismo rasgo puede generar tensiones en sus sistemas de suministro hídrico, asociadas a restricciones en el desarrollo y funcionamiento de las raíces. Frente a ello, la dependencia de asociaciones micorrícicas favorece relaciones mutualistas fundamentales, en las que hongos del suelo actúan como biofertilizantes, biorreguladores y bioprotectores.Cartes et al., «Evaluación del grado de micorrización de Araucaria araucana»; Fernández, «El fuego y los hongos del suelo». Para especies de coníferas, el fuego contribuirá a la proliferación de sus semillas, logrando esparcirse por el suelo desnudo que ha dejado un incendio, eliminando a la competencia por los recursos de la tierra. En el caso de varias coníferas, el fuego contribuye además a la liberación y dispersión de semillas, facilitando su establecimiento sobre el suelo desnudo que deja un incendio y reduciendo la competencia por recursos edáficos. Otras especies son incluso capaces de responder a compuestos derivados del humo, como dioxinas y sustancias volátiles, revelando una notable capacidad de adaptación a contextos pirogénicos.Scott, Planeta en llamas; Martínez et al., «Poblaciones viables y grupos funcionales de hongos». Con ello, asumimos que, las cortezas se configuran como interfaces donde se despliega un mundo hiperdiverso de relaciones simbióticas entre hongos y bacterias, profundamente arraigadas a la memoria edáfica. Es decir, a la disponibilidad de nutrientes que condiciona la composición, estructura y funcionamiento de los ecosistemas.

Dispositivo III: Entre cortezas y memorias ígneas

Registro 1. Fotografía camino a la Reserva Nacional China Muerta. El color naranjo representa el paso de la lava en erupciones pasadas.

Registro 1. Fotografía camino a la Reserva Nacional China Muerta. El color naranjo representa el paso de la lava en erupciones pasadas.

Desde este punto, nos detenemos en los registros y objetos recolectados en la Reserva Nacional China Muerta, ubicada entre las comunas de Lonquimay y Melipeuco, y en el sitio de conservación Bosque Pehuén, en el sector de Palguín Alto. Creada en 1968, esta área protegida se despliega sobre una topografía escarpada y fragmentada, cuyas altitudes no superan los 1.850 m s.n.m. Sus suelos de origen volcánico presentan texturas gruesas y alta permeabilidad, lo que favorece el desarrollo de coníferas y especies del género Nothofagus. En estos territorios, la actividad volcánica no constituye una anomalía, sino una condición fundacional. El Registro 1 da cuenta de una antigua inscripción de lava, anterior al gran incendio que afectó la reserva en 2015. Este rastro geológico se inscribe en una historia telúrica más amplia, asociada a la subducción oblicua de la placa de Nazca y a la formación de la falla Liquiñe-Ofqui, un sistema tectónico que actúa como canal por donde la tierra libera su energía en forma de lava, cenizas y fuego. En la zona se emplazan diversos centros eruptivos asentados sobre un paleorelieve de rocas sedimentarias volcanoclásticas, responsables de erupciones registradas desde el siglo XVII hasta la actualidad.Polanco et al., «Estratigrafía y geoquímica de las coladas de lava».

Objeto 4. Pieza de carbón vegetal junto a extractos de carbón mineral recolectados de la Reserva Nacional China Muerta, 2024.

Objeto 4. Pieza de carbón vegetal junto a extractos de carbón mineral recolectados de la Reserva Nacional China Muerta, 2024.

Con sus 2.840 metros de altitud, el volcán Villarrica es uno de los más activos de Sudamérica. Desde el siglo XVI ha protagonizado una secuencia significativa de erupciones, junto con una serie de sismos registrados entre 1647 y 1755. Sin embargo, fue a mediados del siglo XX cuando ocurrieron los eventos más devastadores. Destaca la erupción descrita por Lorenzo Casertano como una «coliflor atómica», durante la cual el deshielo generó aludes que descendieron por los esteros Voipire, Molco, Loncotraro, Correntoso y Turbio, alcanzando el lago Villarrica. Otro flujo de gran magnitud descendió por el sector de Coñaripe hasta el lago Calafquén. Estas corrientes de barro arrasaron árboles milenarios, destruyeron asentamientos humanos y afectaron extensos ecosistemas boscosos. En su recorrido, abrieron surcos de hasta seis metros de profundidad y más de cincuenta metros de ancho, mientras que los ríos salieron de sus cauces, alcanzando en algunos tramos más de 1,5 km de ancho.Casertano, Actividad del volcán Villarrica. Estas huellas históricas encuentran resonancia en el Registro 2, que presenta imágenes satelitales de estructuras eruptivas activas en la Región de La Araucanía, donde se observan domos volcánicos, flujos de lava, depósitos piroclásticos y actividad fumarólica persistente.

Registro 2. Imágenes satelitales de estructuras eruptivas activas en la Cordillera de los Andes, Región de La Araucanía. Se observan centros volcánicos nevados con domos, flujos de lava y depósitos piroclásticos. Google Earth Pro (Airbus, 2015; Maxar Technologies, 2016).

Registro 2. Imágenes satelitales de estructuras eruptivas activas en la Cordillera de los Andes, Región de La Araucanía. Se observan centros volcánicos nevados con domos, flujos de lava y depósitos piroclásticos. Google Earth Pro (Airbus, 2015; Maxar Technologies, 2016).

Así, los imaginarios del fuego en la Región de La Araucanía se configuran a partir de la convergencia entre fuerzas geológicas y eventos históricos de desastre. Flujos masivos de lava desarticularon localidades como Pucón, Villarrica y Coñaripe, especialmente durante las erupciones de 1963, 1971 y 1984. En este contexto, no resulta extraño que estos episodios se entrelacen con otros agentes de ignición en la memoria local. Las tormentas eléctricas estivales ocupan un lugar particularmente significativo en los relatos de los habitantes de Palguín Alto.

Durante el programa Ecologías del Fuego desarrollado en Bosque Pehuén, un habitante histórico del sector relató:

[…] A las tormentas siempre las he temido. Recuerdo la tormenta eléctrica que vino con la erupción del volcán. Yo tenía como 22 años, ya hace más de 50 años. Íbamos camino al sendero donde están las araucarias, mientras construíamos un puente, cuando cayó un rayo en un árbol y el fuego empezó a propagarse. Ese día casi muero; casi se me cae un palo encima. No le miento, me sacó el sombrero. Tuvimos que botar los árboles de coihue secos. Menos mal no era araucaria, porque esa sí que es imposible de apagar. Es una madera dura, buena para el asado. Ese día, la tormenta de rayos produjo el incendio. 

El incendio más o menos grave que recuerdo fue por ese rayo, con una tormenta. Tampoco me gusta el puelche, porque levanta incendios.Puelche significa «este» en mapudungún y se refiere a un viento cálido y seco que desciende de los Andes hacia el este. Aquí hay puelches tres días seguidos y es jodido. La gente quiere poco a los puelches, porque botan árboles, los sacan enteros. Por eso a mí tampoco me gustan, pero le temo más a las tormentas de verano, aunque ya no las he visto tanto […]

Archivo histórico 1. La cumbre del volcán Villarrica durante la fase eruptiva del 31 de enero de 1949. Disponible en Memoria Chilena.

Archivo histórico 1. La cumbre del volcán Villarrica durante la fase eruptiva del 31 de enero de 1949. Disponible en Memoria Chilena.

Este testimonio oral puede vincularse con las erupciones ocurridas en 1949 o 1971, si se considera la edad aproximada de la persona entrevistada y los eventos que evoca. Al mismo tiempo, su relato dialoga con el Archivo histórico 1, que registra una fase eruptiva del volcán Villarrica a mediados del siglo XX. La inclusión de esta imagen no busca resolver una precisión cronológica estricta, sino configurar un archivo afectivo y telúrico, donde memorias individuales, registros visuales y rastros materiales del fuego se entrelazan para dar cuenta de la diversidad de tipologías ígneas que han marcado la región. En continuidad con estos relatos, otro evento significativo fue el incendio ocurrido entre 2001 y 2002 en la Reserva Nacional Malleco, una de las primeras áreas protegidas por el Estado chileno. Provocado por una tormenta eléctrica seca, este episodio afectó al 60 por ciento de los bosques de Araucaria araucana y consumió más de 20.000 hectáreas, incluyendo sectores del Parque Nacional Tolhuaca.Iglesias, Reconstrucción de 500 años de incendios en bosques de Araucaria araucana. Aunque históricamente este tipo de incendios ha sido poco frecuente, su impacto ha sido profundo. Como evidencia el Objeto 5, ciertos rastros materiales hallados en Bosque Pehuén no solo remite a la experiencia de la catástrofe, sino que se inscribe en la materia como huellas que devienen archivos vivos, indispensables para pensar los ciclos de regeneración de los bosques. En las últimas décadas, este tipo de registros ha comenzado a sistematizarse con mayor frecuencia por parte de la Corporación Nacional Forestal (CONAF).

Objeto 5. Composición de diversas cortezas de coihue, posiblemente alcanzadas por un rayo, recolectadas en Bosque Pehuén, 2024. En ellas son visibles diversos fragmentos con rastros de carbón vegetal.
Objeto 5. Composición de diversas cortezas de coihue, posiblemente alcanzadas por un rayo, recolectadas en Bosque Pehuén, 2024. En ellas son visibles diversos fragmentos con rastros de carbón vegetal.

Objeto 5. Composición de diversas cortezas de coihue, posiblemente alcanzadas por un rayo, recolectadas en Bosque Pehuén, 2024. En ellas son visibles diversos fragmentos con rastros de carbón vegetal.

Dispositivo IV: Entre impresiones madereras y criaturas bajo sospecha

Objeto 6. Corte transversal del tronco de un árbol de Nothofagus dombeyi. Recolectado en Bosque Pehuén, 2024.

Objeto 6. Corte transversal del tronco de un árbol de Nothofagus dombeyi. Recolectado en Bosque Pehuén, 2024.

Cuando el fuego atraviesa un bosque, muchos de los árboles no mueren. En ocasiones, el fuego quema solo un lado de la base del tronco y más adelante el crecimiento se reanuda.Scott, Planeta en llamas. Al momento de talar un árbol o cuando éste se ha caído, un corte puede revelar las cicatrices aparentes en los anillos del tronco. Nuestro Objeto 6, devela marcas de un hacha, pero también deja entrever la cronología de sus anillos.

Como notamos, se trata de un coihue (Nothofagus dombeyi), de no más de 20 años. En bosques más antiguos, la dendrocronología permite relacionar los episodios relativos al fuego con cambios en el clima, así como con la composición isotópica del carbono que compone la madera. Podríamos decir que tanto la madera como el carbón nos acercan a visiones tipo etnográficas sobre la tala, uso y trabajo de la madera por grupos humanos.González, "Fire history data as reference information"; Iglesias, Reconstrucción de 500 años de incendios en bosques de Araucaria araucana.

Ahora, conocer la devastación histórica del bosque en la zona centro-sur de Chile no necesita de investigaciones complejas. Las prácticas socioeconómicas y culturales siempre se han movilizado con el fuego. Primero, antes de la llegada de los españoles, parches despejados para la agricultura vernácula sustentaban la trashumancia de comunidades de pueblos ancestrales.Marchant, «La práctica trashumante pehuenche». No obstante, fue durante los siglos XVII y XIX que la gran pérdida de bosque nativo se debió a la extracción por operaciones madereras, la intensificación de los paisajes energéticos y la expansión agrícola con los cultivos de trigo (ver Tabla cronológica y Archivo histórico 4). En la literatura de Luis Otero, el fuego siempre ha sido una tecnología de emancipación de paisajes diseñados por nuestra especie. Bosques originarios, que hoy en día consideramos ancestrales, alguna vez guardaron prácticas de horticultura de claros de bosque o “agricultura migratoria”.Molina, Ensayo sobre la historia civil del reyno de Chile; Otero, La huella del fuego. El aprovechamiento de la fertilidad de suelos forestales y su rápida capacidad de regeneración postincendio no sólo evocaba las grandes capacidades tecnológicas de los pueblos ancestrales, sino también un manejo de quemas controladas que permitía respetar los ciclos del bosque.Marchant, «La práctica trashumante pehuenche»; Soruco, Análisis a lo largo de las temporadas de incendios forestales.

Año Hitos en la regulación forestal Descripción
1873 Ley sobre tala de bosques Primera ley aprobada por el Congreso, donde los bosques alcanzan un estatuto de usufructo y recurso forestal.
1898 Fomento en estudios naturales en Ministerio de Industria y Obras Públicas Federico Albert toma a su cargo los estudios de zoología y botánica del Ministerio de Industria y Obras Públicas.
1907 Reservas forestales Creación de la Reserva Forestal Malleco, hito a favor del conservacionismo ecológico en los asuntos de distribución de tierras.
1931 Decreto Nº 4.363 Ley de bosques Primera ley enfocada a la reforestación, como medida ante la erosión de los suelos. Desde aquí, se problematiza la emergencia de incendios forestales, prohibiendo la roza de bosques con fuego.
1936 Decreto Nº 4.024 Se le concede concede personalidad jurídica a la Sociedad de Amigos del Árbol.
1939 Creación de la Corporación de Fomento (CORFO) Comienzan a entregarse incentivos para la inversión de privados en plantaciones forestales, logrando cuadruplicar la exportación maderera entre 1941 y 1949. La industria forestal fue para el Estado uno de los pilares del desarrollo económico, otorgando al conocimiento científico un lugar fundamental.
1952 Creación de corporaciones y medios de divulgación forestal Se crea la Corporación de la Madera y la Revista Forestal Chilena.
1952 Formalización académica de Ingeniería Forestal La Universidad de Chile aprueba la creación de la carrera de Ingeniería Forestal.
1962


1967
Creación de la policía forestal

Cosmologies and Cultures of Fire in La Araucanía
Estas iniciativas nacen de la protección basadas en la belleza paisajística del sur de Chile, con la intención de promocionar el turismo. En esta época, los incendios fueron adquiriendo un estatus crítico, creándose en 1962 la policía forestal, primera brigada contra el combate de incendios. En 1967 se genera el primer Plan Nacional de Protección contra incendios Forestales, cuya responsabilidad fue asumida por el SAG.
1973 Entidades administrativas Se crea la Corporación Nacional Forestal (CONAF)
1974 Decreto Ley Nº 701 Impulsado durante la dictadura militar, el DL 701 se inscribe en la transformación neoliberal del país, promoviendo una economía exportadora de materias primas mediante privatizaciones y subsidios estatales. Sus efectos son visibles en la consolidación de la industria forestal y en la expansión de plantaciones de pino y eucalipto entre la VI y la IX región.
1986 Fomento económico El Banco Mundial celebra la consagración de Chile como rubro maderero a gran escala.
1992 Debate sobre Ley de Recuperación de bosque nativo La preocupación por el estado de bosques nativos se vuelve prioridad para ciertos sectores políticos.
1995 Primeros impactos de la industria forestal Primeros escenarios proyectuales, cuantifican en 30 años la desaparición de los bosques de Chile.
2003 Acuerdos de mitigación o pasivos ambientales Se llega a un histórico acuerdo entre las principales empresas forestales y las organizaciones ecologistas para conservar 350.000 hectáreas de bosque nativo.
2008 Ley 20.283 Ley de bosque Según la Ley 20.283, un bosque corresponde a un sitio cubierto por formaciones vegetales dominadas por árboles en una superficie mínima de 5.000 m², mientras que el bosque nativo se define por la presencia de especies autóctonas, originadas por regeneración natural o plantación bajo dosel, pudiendo incluir de manera incidental especies exóticas.
2008 Ley sobre Recuperación del Bosque Nativo y Fomento Forestal Busca proteger y recuperar el bosque nativo mediante planes de manejo orientados a su sustentabilidad. La ley crea el Fondo de Conservación, Recuperación y Manejo Sustentable del Bosque Nativo, administrado por el Ministerio de Agricultura, e incorpora consejos consultivos para la discusión de reglamentos, incentivos y apoyo a la investigación.
Tabla cronológica. Historia de la normativa ambiental relacionada con los bosques e incendios forestales. Elaborada a partir de Otero (2006), Florín-Dixon (2019) y registros de la Biblioteca Nacional de Chile (Memoria Chilena).

Reserva Nacional China Muerta

Objeto 7. Muestra de carbón vegetal. Reserva Nacional China Muerta (2024).

Objeto 7. Muestra de carbón vegetal. Reserva Nacional China Muerta, 2024.

Retornemos al 14 de marzo de 2015 para comprender mejor la secuencia de eventos presentada en la Tabla cronológica, relacionada con la gobernanza y, de cierta forma, con la vulnerabilidad de las unidades del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE).

Ese día, un incendio forestal de grandes proporciones se desató en la Reserva Nacional China Muerta, arrasando 3.765 hectáreas de biodiversidad (ver Registro 3). Durante 23 días, el fuego avanzó sin control sobre bosques dominados por Araucaria araucana, hasta ser finalmente contenido el 6 de abril, según reportes de CONAF. Este evento no sólo devastó la superficie visible, sino que alteró profundamente las capas del subsuelo, como lo demostraron estudios de teledetección liderados por investigadores de la Universidad de La Frontera. Mediante el índice NBR (Normalized Burn Ratio), se identificaron tres niveles de severidad. En zonas de alta severidad, el paisaje quedó reducido a esqueletos: árboles carbonizados desde la raíz hasta la copa, sotobosque cubierto por cenizas de hasta 30 cm y surcos abiertos donde antes había tocones. Las áreas de severidad media conservaron parte del estrato inferior y las de baja severidad mostraron daños mínimos, manteniendo señales de resiliencia ecosistémica (ver Registro 4).González et al., «Incendios en bosques de Araucaria araucana»; Figueroa Burdiles y Vergara-Pinto, Reserva Nacional China Muerta.

Registro 3. Panorama de la gran mortandad de A. araucana y N. dombeyi en la Reserva Nacional China Muerta, 2024.
Registro 3. Panorama de la gran mortandad de A. araucana y N. dombeyi en la Reserva Nacional China Muerta, 2024.

Aunque el incendio afectó principalmente la RNCM, su propagación alcanzó también el Parque Nacional Conguillío y el Parque Nacional Tolhuaca, afectando en total más de 11.000 hectáreas de comunidades naturales que, según estimaciones ecológicas, podrían tardar entre 300 y 500 años en recuperarse por completo. En este contexto, la recolonización vegetal posterior al incendio ha reconfigurado el paisaje. Uno de los ejemplos más visibles es la expansión de Chusquea quila, una especie propia de los ecosistemas andino-templados del sur de Chile, que ha cubierto sectores anteriormente dominados por Araucaria araucana. Este fenómeno, registrado en terreno durante 2024, ha sido interpretado desde distintos marcos. Por un lado, su vigorosidad responde a una estrategia adaptativa posdisturbio común en especies colonizadoras; por otro, ha activado discursos sociales que la asocian a “invasión” o “plaga”, debido a la aparición de una especie altamente rechazada: Oryzomys longicaudatus, comúnmente llamado ratón colilargo.González, «Incendios en bosques de Araucaria araucana»; Figueroa Burdiles y Vergara-Pinto, Reserva Nacional China Muerta.

Registro 4. Expansión de Chusquea quila en sectores afectados por el incendio de alta severidad ocurrido en la Reserva Nacional China Muerta (2024).

Registro 4. Expansión de Chusquea quila en sectores afectados por el incendio de alta severidad ocurrido en la Reserva Nacional China Muerta, 2024.

Al consultar la historia normativa, entendemos que los incendios no son meramente eventos naturales ni accidentes aislados: son expresiones históricas de un sistema que ha oscilado entre la conservación simbólica y la explotación estructural del territorio. A lo largo de más de un siglo, la legislación forestal chilena ha producido un paisaje contradictorio, donde reservas y parques conviven con monocultivos y subsidios extractivos. En este contexto, el incendio de China Muerta en 2015 no fue una excepción, sino un síntoma. El carbón vegetal que hoy recogemos no es solo testimonio de una memoria ígnea del bosque, sino también evidencia de las fisuras institucionales que, pese a los discursos conservacionistas, continúan poniendo en riesgo nuestros ecosistemas más frágiles.

Podría parecer que somos capaces de enfrentar los desastres y recuperar la esencia fugaz de nuestros paisajes. Sin embargo, cambiar nuestra concepción de la naturaleza no es tarea fácil. Durante las caminatas por la reserva, los dispositivos de la memoria —el carbón vegetal, la Chusquea, los esqueletos calcinados— nos sugieren que quizás nunca hemos sido realmente testigos de un “legado primitivo”. Finalmente, persistimos en la idea de un bestiario ecológicoBraidotti and Hlavajova, Posthuman glossary.—esa lógica que divide entre lo bello y lo temido, lo útil y lo indeseable— como motor que continúa operando en los paisajes regenerativos.De la Paz Fontaine, Bosque nativo en tres miradas. Pero la historia del fuego, la domesticación vegetal y las tecnologías agroforestales nos recuerdan que los paisajes no son estáticos. Algunas especies reaparecen como testigos del trauma; otras, como aliadas silenciosas o mal entendidas. Pero esa ya es otra historia… y, tal vez, otro capricho.

Registro 5. Reserva Nacional China Muerta (2024).

Registro 5. Reserva Nacional China Muerta, 2024.

Registro 6. Pehuén Forest, 2024.

Registro 6. Bosque Pehuén, 2024.

Gobernanza Territorial Mapuche y Restauración Forestal

Simón Crisóstomo Loncopán y Smart Forests

Simón Crisóstomo Loncopán es un líder lonko mapuche con arraigados lazos familiares en la zona de Trancura, en Curarrehue, región de La Araucanía, Wallmapu. Ha ocupado numerosos cargos de liderazgo dentro de su comunidad, así como cargos territoriales dentro del Movimiento Mapuche en la región de La Araucanía. En esta entrevista con Pablo González Rivas y Paula Tiara Torres, del proyecto Smart Forests, Simón ofrece una visión general de la gobernanza territorial mapuche y los procesos de recuperación de tierras, que incluyen el uso de metodologías y tecnologías cartográficas distintivas.

Smart Forests (SF):  Nos gustaría comenzar indagando junto a ti en la relación entre tecnología, cuidado de bosques y participación comunitaria preguntándote sobre cómo llegaste a trabajar en geografía y gobernanza comunitaria.

Simón Crisóstomo Loncopán (SCL): Actualmente soy lonko y presidente de la Comunidad Mapuche para la Gobernanza del Territorio de Curarrehue. Yo no tengo formación en gobernanza comunitaria; en realidad es más bien la vía de acción política que mi comunidad ha llevado en el último año. Básicamente nos criamos y nos formamos desde adolescente en todo lo que es formación política mapuche. Y dentro de esa lógica y esas ideas logramos materializar estudios y, en mi caso, soy geógrafo de profesión y trato constantemente de vincular mi formación profesional con la incidencia y la acción política mapuche. Adicionalmente, trabajo para varias organizaciones de comunidades Mapuche, desde Arauco hasta Chiloé, en proyectos que tienen que ver con restauración de ecosistemas y mapeos territoriales para reivindicaciones de tierra. También participo en la organización que presido, que netamente tiene que ver con acceso y gobernanza del territorio, con una perspectiva biocultural. Y también trabajo en mi emprendimiento, que es una consultora, en todo lo que tiene que ver con manejo y gestión de recursos naturales desde una perspectiva indígena. 

SF: ¿Has tenido alguna experiencia con incendios forestales dentro de tu trabajo?

SCL: Uno de los principales desafíos que hemos puesto como territorio es lograr generar los primeros planes de manejo indígenas, que consideran también el manejo y gestión de incendios forestales, ya que sobre todo en el contexto de cambio climático, se están viendo con mucha más frecuencia de lo que eran hace 15–20 años atrás.

SF: Un aspecto que nos parece interesante conocer son las redes comunitarias e institucionales que has ido tejiendo, ¿qué importancia crees tú que tienen estas redes para la generación e implementación de tu trabajo relacionado a los conflictos socioambientales?

SCL: Gran parte de lo que hoy día se está materializando dentro del espacio donde habitamos tiene que ver con la creación de redes. Si no fuera por las redes que se han construido a través de los años desde que se inició el 2008–2009 no se hubiera logrado lo que denominamos el 4º ciclo del movimiento mapuche, que tiene que ver con procesos de defensa de territorio. La reivindicación de la red ha sido fundamental porque ha habido una maduración constante entre experiencias que tienen que ver con resguardo, con protección, con defensa de la naturaleza del territorio, pero ha ido de cierta manera germinando algo que tiene que ver con una identidad propia. Ha sido también un trabajo constante, colaborativo, con diversas organizaciones internacionales.

En su momento fue la Red de Defensa de La Araucanía, por allá por el 2014, 2015, 2016. Después viene todo lo que es la dinámica interna de los movimientos en 2017, 2018 y luego viene lo que denominamos como la articulación social post 2019. En dos semanas más tenemos el Encuentro Internacional de Gobernanza y Conservación Indígena en Curarrehue, lo que es producto de encuentros que hemos mantenido con hermanos y hermanas de Ecuador, Colombia, Panamá, Guatemala, Paraguay, Brasil, Perú, y Bolivia, que están trabajando lo mismo a nivel regional, y eso, sin duda, va a ser una matriz importante de todo lo que hemos planteado. Ahora, la pregunta que tenemos que hacer es: ¿qué tipo de red queremos construir y cómo se mantiene? Ese es otro desafío porque, en realidad, claro, el principal desafío es cómo se logra girar un trabajo de verdad, colaborativo y con objetivos claros dentro de una red que sea un espacio donde se comparte información, sino cómo se forman capacidades y cómo se logran desarrollar.

SF: Sin duda, los procesos sociopolíticos y ecológicos que se han dado en el último año en Chile han dejado en evidencia problemáticas muy importantes de las cuales hay que hacerse cargo. Y en este contexto tan vertiginoso, ¿qué metodologías sueles utilizar para fomentar una participación comunitaria activa en relación a generar instancias de protección de bosques?

SCL: Lo fundamental ha sido que los procesos de liderazgo han nacido dentro del mismo territorio. Siento que aplicar lo mismo que estamos haciendo desde alguien externo sería casi imposible hoy en día en el escenario social en el que están los territorios y comunidades. Yo creo que todo lo que se ha dado es porque el territorio con el territorio es quien ha levantado el proyecto y no proyectos que vienen de afuera. Estas dinámicas de participación, estas conversaciones, las hemos llevado por varios años más allá del espacio formal; lo hemos decantado en guillatunes, en rewe.

Es en espacios íntimos donde se pueden germinar, y ahí es donde estamos tratando de fortalecer los liderazgos locales. Sin personas locales que puedan levantar estos proyectos internamente no van a funcionar porque ha pasado y hemos visto cómo se ha repetido la historia en muchos territorios que trabajan en esta temática, porque también logramos hacer una retroalimentación con proyectos fallidos que con los proyectos de gobernanza de hace diez años atrás, en ciertos territorios donde claro, el Estado propone generar espacios de diálogo y conversación, pero en realidad son manejados por el Estado y son desde donde ciertamente han sido históricamente excluidos. Entonces, con muy poca voz y muy poca incidencia, se puede hacer de parte de las comunidades; se termina quebrando los espacios, desmotivando a la gente y se siguen repitiendo patrones que también replican las ONGs y la academia.

SF: Sí, muy de acuerdo con lo que comentas sobre la instalación de capacidades en los liderazgos del territorio como acción clave. Y, en ese sentido, me interesaría también si nos puedes comentar acerca de cómo la geografía ocupa un lugar en tu vida, tanto laboral como personal, asociado a esta idea de los liderazgos comunitarios.

SCL: Siempre es necesario buscar formas de aportar realmente. Cuando logramos con varios compañeros y compañeras peñi mapuche plantear una metodología de trabajo que permitiera primero enfrentar el extractivismo con el levantamiento de información trivial, pero también fortalecer las demandas de tierra. Está rompiendo la lógica de la propiedad privada y rompiendo la lógica del rol predial. Y esos fueron los principales desafíos y que hoy día nos llevan a trabajar. Esto que estamos haciendo, o sea la reconstrucción territorial, está cada vez más fuerte. Hoy día estamos mapeando territorios de reivindicación de 90.000 a 150.000 hectáreas y eso ha sido un desafío grande pero que es una herramienta más.

Cuando hablamos de cómo las carreras pueden aportar, son todas herramientas que tienen que ir de la mano con una visión política clara de una comunidad. En cuanto a geografía Mapuche, podemos hablar mucho, pero si nos vamos a algo puntual, como son los mapas es una herramienta más y eso es lo que son para las comunidades. No es el fin un mapa, solo es una herramienta que tiene que trabajar para poder aportar a lo que la comunidad está soñando, deseando en el territorio que es la protección, el resguardo, el cuidado. Nosotras y nosotros hemos trabajado ya a lo largo de tantos años ese punto de vista y sentimos que ha aportado y ahora queda más que nada formar, seguir formando juventudes que también vayan más allá de lo que uno ha conseguido como escala colectiva, plantearse nuevos desafíos entendiendo el contexto político que está en Wallmapu, pero también en el contexto político que está también Chile a nivel general.

Entonces ahí hay un desafío grande hacia donde apuntar. Y en eso la geografía es una tremenda herramienta. Yo creo que ha sido la herramienta fundamental del último año de resistencia en muchas comunidades. El movimiento mapuche ha sido orgánico, dinámico y eso ha llevado a poder plantearle a las comunidades los proyectos de reivindicación barrial, productivo, es decir, de recuperación del campo y las tierras. Pero entendemos el contexto que existe de pérdida de biodiversidad, de pérdida de agua que necesitamos para recuperar ecosistemas, y eso se enfrenta con gestión, con preparación, con las comunidades que manejan ciencia, que manejan conocimientos reales, prácticos para poder reconstruir los ecosistemas. Sin embargo, hay tecnologías actuales que permiten hacer un puente y permiten de mejor manera hacer una gestión totalmente integral, tomando el conocimiento ancestral como conocimiento actual para poder generar esta suerte de manejo y gestión de recursos naturales interiores del territorio. 

SF: Pasando ahora al uso y estudio de las tecnologías digitales, que es una de las grandes áreas que estudia el proyecto Smart Forests, queríamos preguntarte sobre las tecnologías que aplican o utilizan dentro de tu trabajo como geógrafo y en proyectos de gobernanza comunitaria, entendemos que utilizan tecnologías cartográficas. ¿Puedes contarnos más sobre cómo empezaste a trabajar con estas tecnologías?

SCL: Comencé en el diseño de mi tesis de pregrado, ahí logramos generar una metodología de trabajo de mapeo intercultural o mapeo mapuche, y empezamos también a cuestionarnos cómo se puede lograr un mapa con una visión mapuche, utilizando también una visión cartesiana tradicional para demostrar que pueden dialogar siendo herramientas distintas. Una, que la cartografía cartesiana sirve para el diálogo, sirve para construir proyectos políticos, sirve para la incidencia. Y por otra parte, la cartografía cultural reivindica, valga redundancia, la cultura, pero también la forma en cómo se entiende el territorio desde una perspectiva propia, no una perspectiva impuesta, que es una visión satelital, no? Entonces no son enemigos, son elementos y metodologías que trabajan y pueden trabajar en conjunto. Y cuando trabajan en conjunto se vuelven muy fuertes, porque puedes dialogar tanto con tu gente como con el Estado.

A nivel tecnológico, trabajamos diversos software de mapeo, pero luego fuimos ampliando un poco, manejando imágenes satelitales, generando composiciones de banda más que satelitales para ver la calidad del bosque, para ver la deforestación, donde se concentra la mayor cantidad de agua, donde se pueden ver áreas que son posiblemente destinadas a la conservación que hoy día no están resguardadas por el sistema de áreas protegidas, es decir, todo lo que sea vuelo con dron de fotogrametría, todo lo que tiene que ver también con imágenes tridimensionales para poder plantear al territorio nuevas formas de verlo más allá de un ploteo, de un mapa en la mesa. Es un tremendo avance para la gente del territorio, tenemos que llevar la tecnología a que sea más fácil de entender para la gente en los talleres, que sea más fácil de observar y vincularse con un espacio.

SF: ¿Cuáles crees tú que son los próximos pasos para la gobernanza comunitaria y el uso de la geografía como una herramienta social?

SCL: Hay que apuntar hacia todo lo que es la elaboración de planes de manejo interculturales. Es decir, una vez que tenemos el Consejo de Gobernanza instaurado en el Parque Nacional, el desafío más grande es lograr un plan de manejo que sea lo que regule ese Consejo de Gobernanza. Entonces, creemos que ese será el principal desafío de los próximos cinco años. Esto marca el inicio de una de las deudas que tiene el Estado dentro del pueblo mapuche. El punto final es la administración y restitución completa de ese espacio. Ese es un desafío a largo plazo, pero creemos que en inicio puede ser la co-gobernanza del 2025 al 2030. Son cinco años, no es mucho, pero es un desafío que nos va a llevar primero plantear nuevos planes de manejo que quieran implementar dentro del parque. 

La importancia fundamental primero va a ser que para nuestra gente tiene que ver mucho con salir del título de Merced.Los «Títulos de Merced» son títulos históricos de propiedad de la tierra transferidos por la Corona española al gobierno estatal chileno, que reconocen la propiedad de la tierra por parte de los mapuches. Para más información, véase Claudia Hernández Aliaga, «La desaparición de Julia Chuñil sacude a Chile» (21 de febrero de 2025), https://www.ojala.mx/es/ojala-es/la-desaparicion-de-julia-chuil-sacude-a-chile. Esa ha sido la cárcel territorial de la lógica de la propiedad, de que la comunidad llega hasta un espacio solamente, cuando este territorio era inmenso. Romper esa barrera impuesta por el Estado y lograr generar incidencia, no propiedad, sino incidencia en gestión, gobernanza y poder dentro de esos espacios que hoy día son deseados por la industria hotelera. Porque tenemos una visión, porque uno dentro de esa lógica, el sistema ve como algo hermoso esto, pero otra vez también lo ve como riqueza.

SF: Y en este importante hito, que sin duda va a marcar un precedente en términos de gobernanza indígena, de gobernanza comunitaria, de áreas protegidas. ¿Cuál es el lugar que tú crees que ocupa el cuidado de los bosques frente a los incendios forestales y su relación con el cambio climático?

SCL: Cuando ves puros árboles blancos en la cima, significa que pasó algo aquí y que ha costado alrededor de una generación o dos generaciones lograr empezar a recuperarse. Imagínate que ya ocurriera un incendio forestal tan grande no solamente sería un daño ecosistémico, sino también sería un daño espiritual y cultural para nuestra gente. ¿Cómo nos planteamos generar espacios de formación? Por ejemplo, algo tan básico como tener personas capacitadas, ¿para poder resguardar estos lugares? No sé si llamarlo guardaparque, pero si se entiende el concepto no como cuidadoras y cuidadores del territorio más allá de los de la casa protegida. 

Capacitar también a brigadas locales que tengan acción rápida en estos espacios en temporadas de incendio, donde el tiempo de respuesta es sumamente importante. Una hora de diferencia de respuesta puede ser la diferencia entre una catástrofe o simplemente un hecho puntual aislado. Entonces, esos son los desafíos. La idea fundamental también es lograr recuperar el ecosistema de muchos espacios que están hoy día devastados por la deforestación ilegal en muchas comunidades. Wallmapu antes de 1900 era una selva. La reforestación es fundamental y algo que estamos empezando a trabajar tanto en Panguipulli como en nuestra área.

Estatuas mapuches de Chemamüll en la Aldea Intercultural Trawupeyum de Curarrehue, Chile. Jennifer Gabrys, 2023.
Estatuas mapuches de Chemamüll en la Aldea Intercultural Trawupeyum de Curarrehue, Chile. Jennifer Gabrys, 2023.

Perturbación Intermedia: El Mito de Lalen Kuze

Pamela Iglesias

Un día una niña lavaba mote en el río,
llegó un hombre y se la robó;
se la llevó a sus tierras y se casó con ella.
Dicen que le dijo: «me voy al Puelmapu,
cuando vuelva tiene que estar toda esta lana tejida».
Se fue el hombre y la niña quedó llorando
¡cuándo sabía tejer! Se quedó llorando junto al fogón
y en eso el fuego antiguo le habló:

«No tienes que afligirte tanto, yo voy a llamar a la araña antigua para que te ayude».
Al ratito apareció, bajando por el fogón la araña antigua y le dijo a la niña:
«tienes que hacerlo como yo, mírame y aprenderás a tejer».

Así que pasaron los días,
la araña antigua todas las noches fue a ayudar a la niña
y juntas terminaron el tejido.