PROPUESTAS
DESDE LOS FUEGOS
Propuestas para Convivir con los Fuegos
Smart Forests y Fundación Mar Adentro
Como se ha señalado a lo largo de esta publicación, las ecologías de fuego son pluralistas. El fuego es una fuerza cultural, social, política, económica, técnica y medioambiental que requiere trabajar con múltiples conocimientos, prácticas, actores e instituciones. Por tanto, es fundamental ampliar y profundizar la comprensión del fuego, y como se influyen mutuamente con sistemas sociales, medioambientales y tecnológicos. En este libro, nos centramos en el fuego desde estas múltiples perspectivas, especialmente considerando cómo las redes, tecnologías y prácticas transdisciplinarias e interculturales orientadas a la comunidad pueden contribuir a cambiar los ecosistemas. Como señalaron muchos de los participantes de los diversos hitos de ecologías de fuego, no es posible eliminar el fuego, por ende, es necesario establecer la mejor manera de convivir con él.Pausas et al., “The Role of Fire on Earth.”
Alineamos nuestro enfoque de trabajo según los resultados del informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Beyond the Blaze, que demuestra cómo a nivel mundial los esfuerzos de respuesta ante incendios se han enfocado principalmente en el momento de la conflagración. Es ahí donde se orienta la mayor parte de los recursos, incluidos los financieros. Sin embargo, dada la transformación de muchos entornos hacia condiciones más propicias para los incendios, es esencial abordar todo el ciclo de vida del fuego, incluida la inversión en prevención y preparación, junto con la conservación y la restauración como componentes clave de la ecología del fuego. Como señala Fernanda Romero en su entrevista en esta publicación, aunque las comunidades responden al control de los incendios, la participación colectiva en la prevención de éstos debe extenderse a una ecología del fuego mucho más amplia, de modo que las comunidades se organicen más allá de los eventos desastrosos, preparándose y desarrollando recursos para recuperarse de los incendios. En la misma línea, Andrés Fuentes Ramírez y Paola Arroyo Vargas abordan en su entrevista que la prevención y la recuperación de incendios son áreas con notables lagunas de conocimiento en la investigación y acción sobre incendios, pero que se beneficiarían de una mayor atención para desarrollar prácticas y políticas territoriales más eficaces.
En la actualidad existen muchos recursos que abordan el fuego desde las ciencias físicas y naturales. Sin embargo, son menos los compendios que reúnen las perspectivas de la comunidad, las técnicas locales, los conocimientos ancestrales y las prácticas creativas, junto con la ciencia, la tecnología y las políticas. Para sintetizar las numerosas ideas y propuestas que surgieron de nuestras escuelas de campo, entrevistas y trabajo de campo, hemos elaborado esta conclusión en forma de una serie de ocho temas clave que, en conjunto, conforman las Propuestas para convivir con los fuegos. Este capítulo final es un conjunto de herramientas y guía para complementar los métodos y técnicas existentes con una gama más amplia de perspectivas.Para ver ejemplos de diferentes conjuntos de herramientas y guías sobre el medioambiente, los peligros, el clima y el fuego, especialmente desde la perspectiva ciudadana y de las comunidades, véase: Ariztia et al., “Baroque Tools for Climate Action”; Armijo et al. «‘Sensores humanos’»; Biskupovic and Canteros, «Movilizando saberes ciudadanos»; Climate & Wildfire Institute, and the Tahoe Fund, Fire Smart Community Pilot Playbook; Gabrys, Citizens of Worlds; Muskrats to Moose Project Team, We Are Fire; Susskind, Playbook for the Pyrocene.
Hemos condensado nuestros extensos debates colaborativos en ocho propuestas en forma de temas comunes que una amplia gama de actores clave han destacado. A través de nuestras conversaciones y eventos, los participantes y entrevistados enfatizan la necesidad de:
Reconocer que el fuego es un sistema socioecológico complejo.
Integrar la prevención de incendios en la planificación del uso del suelo y el medioambiente.
Mejorar la colaboración, la comunicación y la confianza entre los diferentes sectores.
Apoyar la acción y la participación de la comunidad en la prevención de incendios.
Reforzar la educación medioambiental y el desarrollo de capacidades.
Desarrollar y utilizar tecnologías equitativas.
Garantizar financiamiento y recursos adecuados.
Permitir la resiliencia y la recuperación cultural y ecológica.
A continuación, describimos cada uno de estos puntos en mayor profundidad junto con los principios y las medidas concretas identificadas para cada propuesta.
Simulacro y equipo de emergencia contra incendios de la CONAF, Temuco. Jennifer Gabrys, 2024.
1. Reconocer que el fuego es un sistema socio-ecológico complejo
El fuego no es simplemente una amenaza. Puede ser una parte necesaria e integral de muchos ecosistemas, moldeada por el clima, el uso del suelo y la actividad humana. Al mismo tiempo, muchos entornos que históricamente no han dependido del fuego se están volviendo cada vez más propensos a los incendios. Las ecologías del fuego están cambiando en respuesta a los cambios climáticos y en el uso del suelo.Jones et al., “Global and Regional Trends and Drivers of Fire”; AMUCH, «Estudio nacional de caracterización de los incendios forestales». Estos cambios requieren de una actualización y ampliación de las prácticas sociales y culturales para poder interactuar con entornos en constante cambio. Es importante ir más allá de un paradigma basado en el control y adoptar enfoques colaborativos para convivir con los incendios, especialmente dada su naturaleza dinámica y, en ocasiones, impredecible. Esta transición reconoce al fuego con sus aspectos multidimensionales de destrucción y regeneración, moldeado por influencias históricas, culturales y ecológicas. Es esencial promover enfoques transdisciplinarios que involucren ciencia, artes, conocimientos tradicionales y las experiencias vividas para fomentar una comprensión más holística sobre el fuego. Las estrategias de gestión del fuego deberían integrar prácticas culturales, conocimientos locales, historias orales y prácticas de manejo del fuego propuestas por pueblos originarios.Mistry et al., “Community Owned Solutions for Fire Management in Tropical Ecosystems.”
A continuación, medidas concretas que se ajustan a esta propuesta:
Desarrollar planes y marcos transdisciplinarios de gestión del fuego
Integrar las ciencias ecológicas, las prácticas culturales, las ciencias sociales, las políticas públicas y la experiencia ambiental.
Valorar los conocimientos locales y ancestrales, integrándolos en las estrategias de prevención de incendios y respuesta a desastres.
Fomentar múltiples modos de transmisión del conocimiento
Integrar medios técnicos y culturales de alfabetización sobre incendios.
Crear foros para el diálogo intercultural en los que artistas, científicos, líderes indígenas y miembros de la comunidad puedan diseñar conjuntamente estrategias para abordar incendios.
Garantizar que las voces de las comunidades locales sean fundamentales en los procesos de toma de decisiones, especialmente en lo que respecta a las estrategias de prevención y la planificación del uso del suelo.
Desarrollar diversos protocolos para planificar, detectar, responder y recuperarse de los incendios
Crear canales y plataformas para incluir experiencias de terreno, observaciones locales y datos sensoriales.
Incorporar datos y observaciones locales en la evaluación de riesgos y planes de emergencia.
2. Integrar la prevención de incendios en la planificación territorial
Los marcos de planificación y las prácticas de gestión del suelo desempeñan un papel crucial en la gestión del riesgo de incendios forestales, facilitando una gobernanza y preparación con orientación comunitaria. Esta segunda propuesta identifica la necesidad de integrar plenamente la prevención de incendios dentro de los marcos de planificación territorial. En términos más generales, se debería desarrollar un marco de planificación rural que proporcione continuidad normativa y, al mismo tiempo, sea sensible a las condiciones y los conocimientos locales. Los marcos de uso del suelo deberían anticipar, regular y orientar la prevención de incendios en los planes de desarrollo; también facilitar y apoyar prácticas de gestión de suelo sostenibles que se ajusten a los objetivos de conservación y restauración del medioambiente, buscando incorporar conocimientos ecológicos locales y técnicas tradicionales de gestión forestal. La planificación debería, además, incorporar estrategias de largo plazo. Dentro del desarrollo de políticas y la planificación ambiental deberían incluirse estrategias de mitigación y adaptación que incluyan prácticas de regeneración del paisaje, conservación del agua y cortafuegos.
Entre las medidas concretas que se alinean con la propuesta dos se incluyen:
Desarrollar y aplicar una legislación conjunta de planificación territorial y prevención de incendios, creando un marco estructurado para la gestión de incendios
Incorporar la cartografía de riesgos en los marcos de planificación para identificar, supervisar y abordar el potencial de incendios.
Integrar la gestión de incendios dentro de una estrategia de planificación urbana-rural más amplia que tenga en cuenta la interfaz entre zonas silvestres y urbanas. Reforzar las directrices regulatorias para abordar la gestión de incendios como parte de los esfuerzos de conservación y restauración ecológica.
Colaborar con centros académicos y de investigación para desarrollar e implementar herramientas de planificación territorial y el monitoreo a escala de paisaje.
Garantizar que la planificación en prevención de incendios se ajuste a las regulaciones regionales e integre el conocimiento local
Adaptar los marcos de planificación a los contextos locales, incluyendo la incorporación de prácticas locales en materia de incendios y tierras.
Desarrollar regulaciones que vayan más allá de la «prohibición» del fuego para así considerar las prácticas y los contextos locales en torno al uso del fuego, creando directrices y protocolos más específicos para cada región.
Mejorar la aplicación de medidas concretas de prevención de incendios, como cortafuegos y seguridad del cableado eléctrico.
Empoderar a las comunidades locales para que participen en las reformas de planificación y gobernanza mediante la educación y el apoyo organizacional.
3. Mejorar la colaboración, comunicación y confianza entre los diferentes sectores
La confianza es una cualidad fundamental que ayuda a garantizar que las personas que trabajan en diferentes sectores(privados, ONG, academia y organismos públicos) y niveles de gobernanza puedan colaborar y coordinar eficazmente las prácticas de prevención, respuesta y recuperación de incendios. Sin embargo, muchos participantes y entrevistados identificaron la desconfianza en las instituciones como un factor que limita la cohesión social y la cooperación. Prácticas eficaces en materia de planificación de prevención de incendios dependen de relaciones basadas en la confianza, que permiten una comunicación y una coordinación sólida, reforzando la gobernanza colaborativa y la coordinación multisectorial. La confianza también permite un debate abierto sobre las diferentes prácticas en torno a incendios, los programas de uso del suelo y las prácticas territoriales, lo que facilita diálogos abiertos y justos sobre cómo desarrollar y adaptar los planes y prácticas.
Entre las medidas concretas que se ajustan a la propuesta tres se incluyen las siguientes:
Mejorar la confianza institucional
Abordar la desconfianza hacia las instituciones estatales mediante la creación de procesos transparentes, inclusivos y participativos para la gestión de incendios y la conservación del medioambiente.
Involucrar a las comunidades en el desarrollo y la aplicación de políticas, asegurándose de que sean culturalmente apropiadas y se ajusten a las realidades locales.
Fomentar un sentido colectivo de responsabilidad en la prevención de incendios mediante la participación de todos los miembros de la comunidad, incluidas las entidades privadas, las ONG y los organismos gubernamentales.
Facilitar talleres y encuentros digitales y presenciales comunitarios que fomenten la preparación y responsabilidad compartida.
Promover la colaboración intersectorial
Formar alianzas activas para el cuidado de los bosques y la prevención de incendios, incluyendo a actores clave como CONAF, SENAPRED, los municipios, las ONG y los socios del sector privado. Estas redes deberían ser tanto horizontales (impulsadas por la comunidad) como verticales (incluidas las instituciones públicas) para garantizar una amplia participación de todos los sectores y alejarse del paternalismo dentro de la sociedad civil.
Fomentar la colaboración entre múltiples partes interesadas a través de foros transparentes y mecanismos de rendición de cuentas para generar confianza y resiliencia. Aprovechar los ejemplos exitosos en la gestión de desastres (por ejemplo, tsunamis, terremotos) y trasladar estas prácticas y relaciones a la gestión de incendios.
Garantizar que los órganos de gobernanza —locales, regionales y nacionales— estén facultados para tomar decisiones vinculantes y que los líderes locales tengan injerencia directa en la planificación y aplicación de las estrategias de prevención de incendios.
Mejorar la coordinación entre las instituciones para armonizar las estrategias y evitar la duplicación de esfuerzos.
Fortalecer el liderazgo local y empoderar a las comunidades para que participen activamente en la gobernanza, reconociendo el liderazgo comunitario como un elemento crucial de la resiliencia y la prevención a largo plazo.
4. Apoyar la acción y participación de la comunidad en la prevención de incendios
Las redes y los conocimientos locales son fundamentales para desarrollar acciones y una participación eficaz de la comunidad en la prevención y la respuesta a los incendios. Con este fin, las comunidades deberían participar en la elaboración de planes, acciones y procesos de toma de decisiones de prevención de incendios dirigidos por la comunidad. Los planes comunitarios de prevención de incendios liderados por CONAF están muy extendidos y bien establecidos en todo Chile. Sin embargo, estos métodos deben adaptarse a los contextos locales para que sean eficaces. Es necesario desarrollar procesos sólidos para adaptar una metodología general a nivel nacional a las circunstancias locales, de modo que puedan ser implementados y mantenidos por distintas comunidades. Se requiere, también, apoyo para crear y habilitar infraestructuras sociales para el liderazgo comunitario, la creación de redes y gobernanza, que utilicen enfoques localizados e inclusivos. Mediante la creación de prácticas y recursos democráticos locales, las comunidades estarán en mejores condiciones para establecer redes y acciones de prevención, respuesta y recuperación ante incendios.
Entre las medidas concretas que se ajustan a la propuesta cuatro se incluyen las siguientes:
Desarrollar planes integrales de gestión de incendios dirigidos por la comunidad
Capacitar a las comunidades para que tomen la iniciativa en el diseño y la aplicación de estrategias de prevención de incendios.
Involucrar a diversas partes interesadas, incluidos organismos públicos, entidades privadas, grupos comunitarios, comunidades indígenas y rurales.
Garantizar que los espacios de toma de decisiones sobre la prevención de incendios y el cuidado del medioambiente sean inclusivos y democratizados, y que en ellos participen no solo los organismos gubernamentales, sino también los líderes comunitarios y las organizaciones de base.
Incorporar mecanismos de cartografía participativa, identificando las zonas de alto riesgo en función de la vulnerabilidad y la exposición.
Abordar los planes para gestionar incendios como un proceso continuo que requiere la participación a lo largo de todo el ciclo de vida del incendio.
Fortalecer las redes comunitarias para la prevención de incendios
Institucionalizar marcos de gobernanza colaborativa que incluyan el liderazgo local e indígena.
Apoyar a las comunidades en la formación de organizaciones o alianzas locales que colaboren en actividades de prevención de incendios, garantizando que estos esfuerzos sean sostenibles y se refuercen mutuamente.
Crear redes de prevención y respuesta a los incendios que fomenten la cooperación entre vecinos.
Crear redes y colaboraciones más sólidas entre las comunidades locales, las ONG, las instituciones académicas y los organismos gubernamentales.
Facilitar el intercambio de conocimientos, recursos y experiencias entre las redes, centrándose en la creación conjunta de soluciones para la prevención de incendios y la resiliencia.
Desarrollar de forma colaborativa procedimientos de respuesta a emergencias y ejercicios de simulación.
Unir redes de distintos territorios, al tiempo que se trabaja en distintos sectores e iniciativas.
Involucrar y amplificar las prácticas y los conocimientos locales
Adaptar los planes de prevención y respuesta ante incendios a contextos ambientales y culturales específicos.
Amplificar el rol de los modelos de prevención de incendios impulsados por la comunidad, que integran los conocimientos locales con técnicas modernas de gestión de incendios para aumentar su eficacia.
Dar prioridad a las estrategias culturalmente relevantes que reconocen los conocimientos ecológicos tradicionales y las relaciones locales con el fuego.
Apoyar las iniciativas lideradas por la comunidad que incluyen la narración de historias, las experiencias sensoriales, la participación encarnada y las prácticas basadas en el arte para construir relaciones colectivas con el fuego.
5. Fortalecer la educación ambiental sobre el fuego y el desarrollo de capacidades
Una educación ambiental sólida, diversa y creativa es fundamental para desarrollar conocimientos, habilidades, alfabetización y conciencia sobre el fuego como una fuerza significativa dentro de los territorios. Como documentaron nuestras numerosas conversaciones con colaboradores en la región de La Araucanía, se necesita educación a través de la participación transdisciplinaria y transectorial, y el intercambio de conocimientos para avanzar y mejorar la comprensión de la prevención, la respuesta y la recuperación ante incendios. La educación ambiental sobre el fuego debe ser integral, buscando abordar su influencia sobre ecosistemas de bosque, su presencia en relación al cambio climático y los impactos de las alteraciones en el uso de la tierra. La participación pública debe pasar de campañas de sensibilización caracterizadas por mensajes basados en el miedo hacia una comprensión más matizada, relacional y orientada a los actos de ignición del fuego, especialmente el causado por los seres humanos en entornos cambiantes.
Entre las medidas concretas que se ajustan a la propuesta cinco se incluyen las siguientes:
Fomentar la educación ambiental y desarrollar capacidades locales
Integrar la educación ambiental y la concientización sobre los incendios en todos los niveles de aprendizaje, desde la educación infantil hasta la educación de adultos.
Desarrollar programas educativos que aborden las experiencias ambientales en torno a manejo de fuego, los conocimientos técnicos y las prácticas locales.
Apoyar los programas de formación comunitaria, los talleres y las certificaciones ambientales a través de las instituciones locales.
Crear redes más amplias para la educación sobre incendios mediante la conexión con universidades, centros de investigación y organizaciones gubernamentales.
Facilitar la difusión de materiales educativos sobre el fuego al Ministerio de Educación y al Ministerio de Ciencia para propiciar una coordinación entre los diversos esfuerzos educativos existentes.
Diseñar programas de aprendizaje experiencial y creativo
Reformular la educación ambiental para hacer hincapié en la coexistencia, la regeneración y el cuidado a largo plazo.
Integrar los conocimientos locales, tradicionales, ancestrales e indígenas sobre la prevención de incendios y las prácticas agrícolas, promoviendo un espacio para el aprendizaje inclusivo entre pares y los modelos de aprendizaje horizontal.
Crear programas que involucren a las comunidades a través de la narración de historias, las artes, los rituales y las prácticas encarnadas, junto a la educación y el entrenamiento formales.
Incorporar recorridos en sitios post-incendio, prácticas de observación y eventos colectivos que fomenten la sintonía con el medioambiente y el intercambio de conocimientos entre generaciones.
Ofrecer sesiones de formación periódicas que incluyan historias ampliadas del territorio y conectar con esfuerzos de conservación más amplios.
Crear campañas nacionales para la prevención de incendios
Lanzar campañas de sensibilización pública a largo plazo y multicanal centradas en la prevención y gestión de incendios y el cambio climático.
Enfatizar la importancia de la gestión responsable del uso del suelo, las prácticas seguras de prevención de incendios y la preparación para desastres, abordando los peligros de los incendios intencionados.
Comunicar, educar y sensibilizar continuamente a la ciudadanía sobre las estrategias de prevención de incendios y la importancia de la acción colectiva.
Destacar la necesidad de impulsar esfuerzos de prevención para alcanzar objetivos medioambientales más amplios, como la mitigación del cambio climático y la restauración de paisajes.
Proporcionar recursos a los nuevos residentes y visitantes de las zonas rurales, que pueden no estar familiarizados con los riesgos de incendio y las prácticas tradicionales de gestión del territorio.
6. Desarrollar y utilizar tecnologías equitativas
Las tecnologías para gestionar incendios se están desarrollando rápidamente, sobre todo para vigilar y alertar a los organismos competentes para coordinar respuestas más rápidas y eficaces. Estas tecnologías se utilizan cada vez más para modelar y predecir el riesgo de incendio, identificar zonas de posible intervención y gestión del territorio, y desarrollar estrategias de conservación y recuperación.Miranda et al., “Evidence-Based Mapping of the Wildland-Urban Interface.” Dada la amplia gama de usos de las tecnologías para abordar incendios y su potencial impacto en las comunidades, la investigación arrojó la sensación general que las tecnologías debían desarrollarse y utilizarse de forma accesible, transparente, legible y compartible. Las infraestructuras tecnológicas en torno a los incendios debiesen estar abiertas al público, no ser exclusivas y presentar los datos en formatos fáciles de entender para garantizar que las tecnologías no marginen a las comunidades. Los sistemas de alerta temprana y en tiempo real se consideraron tecnologías importantes para la gestión de incendios. No obstante, estos deben implementarse y utilizarse de manera responsable y justa, teniendo en cuenta los posibles usos no previstos o de doble propósito relacionados con la vigilancia.Para ejemplos y propuestas, ver CONAF, «Reporte de incendios forestales en el día de hoy»; FAO, “Forest Fires and the Global Fire Platform.” Los participantes y entrevistados también señalaron que es importante garantizar que la tecnología no sustituya a los sistemas de conocimiento locales y existentes, sino que se utilice de manera que complemente y promueva diferentes formas de comprender el medioambiente.
Entre las medidas concretas que se ajustan a la propuesta seis se incluyen las siguientes:
Diseñar conjuntamente tecnologías que apoyen conocimientos diversos
Apoyar al desarrollo y el uso de tecnologías adaptadas a las necesidades específicas de cada territorio.
Combinar los conocimientos tradicionales y científicos en torno a tecnologías, como la cartografía, la detección temprana y los sistemas de comunicación, para mejorar la gestión de los incendios.
Garantizar que las tecnologías apoyen, en lugar de sustituir, la experiencia local y el conocimiento sensorial.
Garantizar que las comunidades no queden marginadas en el desarrollo de los sistemas tecnológicos.
Incorporar prácticas y habilidades técnicas más allá de lo digital, incluyendo la conservación y la recuperación, para asegurar una amplia participación de la experiencia técnica.
Fortalecer e integrar los sistemas de comunicación
Fortalecer la planificación de las comunicaciones en todos los niveles (local, regional, nacional), garantizando que se establezcan y mantengan sistemas eficaces de comunicación de emergencia.
Poner a disposición de las comunidades recursos y herramientas, como redes de comunicación y datos, para difundir y recibir rápidamente información relacionada a los incendios.
Crear redes comunitarias de prevención de incendios que faciliten la colaboración entre agentes locales y expertos externos, utilizando plataformas y herramientas como tecnologías móviles, aplicaciones de mensajería, redes sociales, radios comunitarias e imágenes satelitales en tiempo real.
Establecer puntos de observación y sistemas de detección temprana para monitorear los riesgos de incendio en tiempo real.
Ampliar el uso de tecnologías para la vigilancia y detección comunitarias de incendios forestales y riesgos de incendio.
Facilitar el acceso equitativo a la tecnología y los recursos de formación
Facilitar y ampliar el acceso de la comunidad a tecnologías y herramientas críticas.
Dar prioridad al desarrollo de herramientas e infraestructuras digitales que permitan a todos los miembros de la comunidad, independientemente de su ubicación o recursos, acceder a datos y alertas tempranas relacionados a los incendios. Esto incluye tecnologías como datos satelitales, drones, SIG y plataformas de redes sociales para la comunicación.
Abordar las brechas digitales y de accesibilidad en las zonas rurales y marginadas mediante un diseño inclusivo e iniciativas participativas de alfabetización digital, garantizando el uso eficaz de las herramientas digitales por parte de comunidades locales.
Proporcionar educación y formación técnica continua para garantizar una participación genuina de la comunidad y reducir la exclusión digital.
7. Garantizar el financiamiento y recursos adecuados
Los recursos limitados, tanto financieros como de personal, son un problema que se identifica con frecuencia y que impide un abordaje sólido y completo de las ecologías del fuego. Aunque muchos participantes y entrevistados tenían propuestas amplias sobre la mejor manera de gestionar y adaptarse al aumento del riesgo de incendios, la falta de recursos específicos puede dificultar la realización de acciones de prevención. Las prácticas para gestionar incendios suelen depender de las habilidades y capacidades disponibles en las redes locales, que se vuelven fundamentales para la preparación y la respuesta ante los incendios. Sin embargo, los recursos locales pueden estar distribuidos de forma desigual y depender de voluntarios comprometidos que no siempre están disponibles para hacer frente a los riesgos y eventos de incendios. En este sentido, se necesitan mayores recursos y más consistentes para desarrollar prácticas, redes e infraestructuras sostenibles y continuas en materia de incendios.
Las medidas concretas que se ajustan a la propuesta siete incluyen:
Garantizar una financiamiento sostenible
Desarrollar mecanismos para garantizar un financiamiento constante para las iniciativas de prevención de incendios, incluyendo la planificación, la formación, la adquisición de tecnología y el desarrollo de infraestructuras.
Crear modelos de sostenibilidad financiera para la prevención, respuesta y recuperación de incendios que integren recursos públicos, privados y comunitarios.
Posicionar la prevención de incendios como una prioridad para atraer nuevas oportunidades de financiamiento en políticas, prácticas e investigación.
Aumentar el financiamiento, los recursos y el reconocimiento de las redes de prevención comunitarias.
Garantizar que el financiamiento se distribuya de manera equitativa entre las zonas urbanas y rurales.
Empoderar a las comunidades con recursos
Garantizar que los planes y protocolos para gestionar incendios cuenten con los recursos financieros y humanos adecuados para su aplicación eficaz, adaptados a las necesidades y riesgos locales.
Garantizar que todas las zonas, incluidas las regiones montañosas, reciban la atención y los recursos adecuados a nivel local.
Reconocer y apoyar los esfuerzos de los gestores territoriales, que a menudo operan sin respaldo formal.
Invertir en el desarrollo de la capacidad local para la prevención de incendios y la conservación de los bosques mediante la formación y el reclutamiento de profesionales del manejo del fuego y voluntarios comunitarios.
Facilitar el acceso equitativo a los recursos esenciales, como equipos, tecnología y conocimientos, para que las comunidades locales puedan contribuir eficazmente a la prevención de incendios.
Identificar y aplicar cortafuegos y recursos hídricos, llevar a cabo el mantenimiento de la vegetación y la quema controlada cuando sea apropiado, y proporcionar recursos para el fortalecimiento de las viviendas y la resiliencia de las infraestructuras.
8. Facilitar la resiliencia y la recuperación cultural y ecológica
Cuando se producen incendios, puede haber una falta de planes claros sobre la mejor manera de recuperarse, ya sea mediante la regeneración del paisaje, la reconstrucción de la comunidad o la atención a las pérdidas y los traumas causados por los desastres. Se necesitan planes de restauración y resiliencia para la recuperación tras los incendios, con el fin de abordar la reparación y la regeneración de los paisajes, las comunidades, infraestructuras, viviendas y los medios de subsistencia.Keating et al., “Transformative Actions for Community-Led Disaster Resilience”; González et al., «Incendios forestales en Chile». La planificación en torno a incendios en todos los niveles de gobernanza, incluida la planificación comunitaria, debe incorporar propuestas para gestionar las condiciones tras los incendios, garantizar la disponibilidad de recursos adecuados y evaluar los esfuerzos de recuperación para realizar las adaptaciones necesarias en entornos que pueden cambiar de forma irrevocable. Este enfoque puede ayudar a transformar el riesgo de incendios mejorando las conexiones entre las comunidades y el medioambiente.Iglesias et al., “Fires that Matter.”
Entre las medidas concretas que se ajustan a la propuesta ocho se incluyen:
Crear planes para la recuperación tras los incendios
Aprovechar los periodos posteriores a los incendios para desarrollar prácticas, planificación y modos de educación resilientes sobre manejo de prácticas asociadas al uso de suelo, que se ajusten a los objetivos de adaptación al clima y biodiversidad.
Tratar la recuperación como una oportunidad para profundizar las relaciones entre el ser humano y la naturaleza, y reflexionar sobre cómo las comunidades y los paisajes pueden regenerarse juntos.
Incorporar estrategias de restauración ecológica como parte de la reconstrucción de la comunidad en las zonas afectadas por los incendios.
Evaluar y adaptar los esfuerzos de recuperación basándose en los conocimientos locales y las condiciones ambientales cambiantes.
Involucrar a los miembros de la comunidad, en particular a aquellos con conocimientos ecológicos tradicionales, en la configuración de los paisajes tras los incendios.
Comprometerse con las ecologías y los ciclos de vida del fuego
Asegurarse de que los ciclos de vida del fuego se aborden plenamente en la conservación, prevención, respuesta y recuperación.
Promover modelos de gobernanza y uso de la tierra que reflejen a los seres humanos como parte de los sistemas ecológicos, y no como algo separado de ellos.
Explorar prácticas regenerativas que restauren el equilibrio ecológico respetando la agencia de los sistemas naturales.
Desarrollar planes de manejo de incendios que estén orientados al futuro y atentos a las condiciones ambientales, los cambios en el uso de los suelos y los riesgos emergentes, de modo que no sean meramente reactivos.
Estas propuestas son el resultado de nuestras numerosas conversaciones e intercambios con miembros de distintas comunidades y partes interesadas de la región de La Araucanía. Profesionales en incendios, investigadores universitarios, ONG medioambientales, personal de fundaciones, científicos, artistas, conservacionistas y líderes locales contribuyeron a la rica y diversa gama de sugerencias que se incluyen aquí, las cuales hemos sintetizado en temas clave. Consideramos que estas propuestas son sugerencias complementarias para desarrollar un enfoque amplio y comprometido con los ambientes cambiantes. Las propuestas no pretenden sustituir las prácticas existentes, sino identificar y promover áreas críticas para responder de manera eficaz al creciente impacto de los incendios forestales.
En este sentido, esperamos que esta recopilación sirva de recurso para promover prácticas en torno a incendios dentro de ecologías integradas y cambiantes. Tal medida requiere pasar de combatir principalmente los incendios a cultivar una comprensión más amplia de las ecologías del fuego. La Fundación Mar Adentro sigue trabajando en este tema en la cuenca de Palguín, mediante la creación de un plan comunitario de prevención y gestión de incendios. El proyecto de investigación Smart Forests y el grupo de investigación Planetary Praxis están investigando la participación de comunidades en la regeneración de un paisaje en el Reino Unido y otros lugares. Aunque esto concluye esta etapa de nuestra colaboración, esperamos que esta recopilación colaborativa y coescrita resulte útil para desarrollar formas de convivir con el fuego en una época de cambios planetarios. La siguiente y última sección incluye referencias y recursos para que las comunidades y los actores clave aprendan más sobre prácticas en torno a los incendios en Chile y el mundo. También hemos incluido enlaces a materiales del proyecto de investigación Smart Forests y de las iniciativas de la Fundación Mar Adentro que amplían y se alinean con el material de este libro.