TECNOLOGÍAS
DESDE LOS FUEGOS
Tecnologías
desde los Fuegos
Smart Forests y Fundación Mar Adentro
El fuego puede considerarse tanto una tecnología como un proceso que se organiza mediante la tecnologización cada vez en mayor grado. Como se menciona en la introducción de este libro, el fuego a baja escala ha sido una técnica crucial para las comunidades indígenas a la hora de dar forma a los paisajes de todo el mundo, incluidos los de Chile. Como describe Luis Otero Durán en su texto La huella del fuego, el fuego era una herramienta que las comunidades indígenas, incluida la mapuche, utilizaban para gestionar el paisaje y facilitar el cultivo agrícola. Sin embargo, con la llegada de los colonizadores europeos, surgieron prácticas de gestión forestal que dependían en mayor medida de la deforestación extensiva y de la explotación intensiva de los recursos naturales. Estas prácticas dependían menos del fuego como herramienta de baja intensidad para configurar los paisajes, por lo que el fuego quedó restringido e incluso prohibido para estos usos.Otero, La huella del fuego. No obstante, en los paisajes que rodean Temuco, hoy en día siguen produciéndose muchas quemas controladas, que constituyen una parte importante de las prácticas agrícolas.
Con el aumento de los incendios de mayor severidad y destrucción, están surgiendo tecnologías para monitorear, sofocar y prevenir incendios forestales.Wonder Labs, The State of FireTech Annual Update; Lakhina and Gabrys, “Shefali Lakhina.” Los dispositivos, que incluyen la teledetección por satélite y su conjunto de datos geoespaciales, los drones y sensores térmicos, las cámaras trampa, las técnicas de imagen por IA y los vehículos autónomos, son solo algunas de las herramientas e infraestructuras digitales que han surgido como modos de prevención ante el creciente problema de los incendios. Este capítulo ofrece una visión general de las tecnologías en torno a incendios que se utilizan en Chile y de cómo podrían transformar las prácticas de prevención, las estructuras de gobernanza y la participación comunitaria.
Al igual que en el capítulo anterior, nos basamos en conclusiones de las escuelas de campo, las entrevistas y el trabajo de campo, así como en las residencias artísticas y científicas. Los participantes y colaboradores señalaron las limitaciones que pueden tener las tecnologías en torno a incendios, tanto en términos de una posible contribución a una mayor marginación de las comunidades como de su mal funcionamiento en entornos montañosos. Al mismo tiempo, también señalaron cómo los recursos tecnológicos podrían ayudar a responder a los incendios de manera más eficaz, ya sea a través de redes de comunicación o de datos que establezcan dónde se han producido o podrían producirse incendios en el futuro. Lo más importante es que, como señalaron muchos interlocutores, las tecnologías en torno a incendios deben garantizar que las comunidades no queden olvidadas en el desarrollo ulterior de sus sistemas de implementación.
Jennifer Gabrys, 2024.
Tecnologías en torno a incendios en Chile
Cuando hicimos la pregunta sobre qué tecnologías en torno a incendios eran evidentes en Chile, los encuestados identificaron una serie de herramientas diseñadas para vigilar, predecir y responder a los incendios forestales. Los participantes en las escuelas de campo y los entrevistados con experiencia en investigación, gestión de la tierra, organización comunitaria y servicios públicos identificaron cómo estas tecnologías suelen estar interconectadas y constan de muchos componentes en capas. Se utilizan tecnologías para la detección temprana y vigilancia en tiempo real de los incendios, que suelen basarse en imágenes satelitales y Sistemas de Información Geográfica (SIG ) con el objetivo de cartografiar zonas propensas a incendios, localizar fuentes de agua, identificar puntos críticos y localizar incidentes.Saavedra et al., “Jorge Saavedra.” Los mapas de riesgo georreferenciados y las tecnologías de detección temprana pueden facilitar tanto la respuesta rápida como la gestión medioambiental a largo plazo.
Además de las imágenes satelitales, sistemas de vigilancia, drones y sensores térmicos o multiespectrales para monitorear propagaciones y detectar causas, a menudo a través de centros de control. Los sensores térmicos pueden detectar anomalías de calor y rastrear patrones de incendios, mientras que los drones y vehículos autónomos pueden escanear y acceder a zonas peligrosas o inaccesibles. Los datos de las estaciones meteorológicas también pueden complementar con conjuntos de datos de teledetección, proporcionando información concreta acerca de los contextos e incidentes locales relacionados con los incendios. Herramientas como las cámaras trampa también pueden ser útiles para supervisar la flora y la fauna después de los incendios, lo que permite realizar un seguimiento de las labores de recuperación y restauración.
Las plataformas de incendios suelen reunir conjuntos de datos distintos y diversos para coordinar la detección y respuesta. Desde la localización de incendios forestales hasta la notificación de incidentes por parte de usuarios a través de aplicaciones, pasando por la integración de datos a través de centros de control de CONAF, las plataformas y aplicaciones pueden conectar herramientas e infraestructuras más remotas con herramientas comunitarias. Estas plataformas están empezando a surgir, entre otras, a través de las plataformas web de CONAF, que proporcionan información en tiempo real a los usuarios en el formato del Sistema de Información Digital para Control de Operaciones (SIDCO) y la «Situación actual y pronóstico de incendios».Véase CONAF, «Oficina Virtual» y «Situación actual y pronóstico de incendios».
La comunicación desempeña un papel crucial, ya que WhatsApp, Facebook y las redes de radio locales o comunitarias facilitan el intercambio rápido y directo de información. Las redes sociales permiten alertas rápidas y la participación ciudadana, pero también conllevan el riesgo de depender de las grandes empresas tecnológicas para la infraestructura crítica.Hamilton-Jones et al., Tecnologías forestales comunitarias. Para que estas herramientas funcionen, también es esencial una buena cobertura de red móvil, lo que puede suponer un problema en las regiones montañosas. En conjunto, estas tecnologías crean un enfoque por capas que apoya la prevención de incendios, la organización de una comunidad, la respuesta rápida y la gestión continua del territorio.
Las tecnologías digitales son solo una parte de la amplia infraestructura técnica y de los conocimientos que la población considera relevantes para los incendios forestales. También señalaron que la presencia de infraestructura y equipos en los territorios locales puede ayudar a responder a los incendios forestales. Dicha infraestructura y equipos incluyen centros comunitarios y de emergencia, antenas de señal telefónica, torres de agua, tanques, grifos, mangueras, rociadores, comunicadores por radio, herramientas y ropa especializada, entre otros. Además, la incorporación activa de los conocimientos y prácticas locales para la prevención de incendios se considera una «tecnología» clave en las prácticas territoriales. Por último, la formación técnica relacionada con la gestión del territorio, la prevención de incendios y la respuesta a estos es un componente clave del conjunto de herramientas tecnológicas de incendios, en el que las oportunidades continuas de aprendizaje y formación son fundamentales para la resiliencia frente a los incendios.
Esta amplia encuesta revela que Chile cuenta con infraestructura eficaz para la gestión de incendios. Sin embargo, muchos entrevistados y participantes de las escuelas de campo plantearon dudas sobre la accesibilidad de las tecnologías. Por lo general, los investigadores, tanto del sector privado como del mundo académico, lideran la adquisición y aplicación de tecnologías relacionadas con incendios, ya que estos sectores cuentan con más recursos y capacidades técnicas para utilizar y analizar conjuntos de datos. Cuando se comparte información sobre incendios, a menudo se hace en un formato al que las comunidades no pueden acceder ni comprender fácilmente, lo que requiere más formación y conocimientos sobre SIG.
Por esta razón, muchas comunidades no se involucran con las tecnologías y el conjunto de datos disponibles. En lugar de poder recurrir y comprender los mapas de riesgo de incendios, los modelos predictivos y plataformas situacionales, las comunidades suelen recurrir al uso de WhatsApp, visores de cámaras de vigilancia y radios ante una emergencia. Si bien la falta de conocimientos, recursos financieros y capacidad técnica son obstáculos importantes para que las comunidades puedan acceder y utilizar más fácilmente las tecnologías en torno a incendios, también existen barreras sociales en el sector industrial-privado y académico, donde quienes gestionan los recursos técnicos pueden estar menos conectados con la comunidad y las instituciones públicas. Con un enfoque más colaborativo en materia de tecnologías e información sobre incendios, estos sistemas podrían diseñarse conjuntamente para responder mejor a las necesidades y prácticas de la comunidad.
Incendio activo bajo observación en la sede de CONAF Boldo 1, Temuco. Jennifer Gabrys, 2024.
Sede central de CONAF Boldo 1, Temuco. Jennifer Gabrys, 2024.
Tecnologías comunitarias de incendios
Al considerar cómo las nuevas tecnologías en torno a incendios están cambiando o podrían ayudar a movilizar las prácticas comunitarias de prevención de incendios, muchos entrevistados y participantes de las escuelas de campo destacaron la importancia de no marginar a las comunidades mediante el uso de tecnologías. Como señalaron dos participantes en la escuela de campo:
«Creemos que es importante no marginar a las comunidades mediante la implementación de tecnologías, y buscar formas de crear un sistema mixto que tenga en cuenta el contexto de la comunidad y las nuevas tecnologías y que busque generar más conectividad y formación en el uso de la tecnología».
«Necesitamos más recursos humanos y económicos para el progreso social [...] necesitamos reducir las brechas digitales y lingüísticas entre el mundo académico y sus vecinos y el territorio».Discusiones en grupo en la escuela de campo de Smart Forests, Temuco (abril de 2024).
Los testimonios de los participantes demuestran que lo óptimo sería una red de detección de incendios orientada al uso comunitario y con el uso de datos abiertos. Dicho sistema debería ser accesible y ofrecer tanto imágenes satelitales en tiempo real como observaciones locales. Además, este sistema debiese disponer de formación y recursos tecnológicos para garantizar una participación genuina desde la comunidad. Esto se debería llevar a cabo junto con la capacitación en prevención de incendios para comunidades locales, utilizando técnicas como el mapeo colaborativo y el uso de sistemas de alerta de emergencia. Las campañas de comunicación existentes también debiese promover una red de detección de incendios como parte de las actualizaciones periódicas sobre el riesgo de estos, garantizando que los mensajes se difundan ampliamente.
Una red de este tipo requiere coordinación tecnológica y educación para garantizar la mayor participación posible de la comunidad y la interconexión con prácticas existentes en materia de suelos e incendios. También se debiese orientar hacia el futuro, teniendo en cuenta los cambios en el uso del suelo, demográficos y de condiciones ambientales, con el fin de identificar riesgos emergentes y respuestas colaborativas. Esta visión de una red comunitaria de incendios, abierta, accesible y con múltiples niveles, combinaría los mejores aspectos de las redes comunitarias identificadas en el capítulo anterior sobre este tema, a la vez permitiendo a las comunidades interactuar y aprender a través de tecnologías digitales. Esta lógica de red también debiese considerar prácticas territoriales más allá de lo digital, junto con el conocimiento comunitario, para prevenir, atender y recuperarse de los incendios de manera eficaz.
Ecología del Fuego
y Recuperación
tras Incendios
Andrés Fuentes Ramírez, Paola Arroyo Vargas, Fundación Mar Adentro and Smart Forests
Andrés Fuentes Ramírez es biólogo y doctor en ecología y biología evolutiva, y Paola Arroyo es ingeniera en recursos naturales renovables y doctora en ecología de fuego. En esta conversación junto a Maya Errázuriz de Fundación Mar Adentro y Jennifer Gabrys del proyecto Smart Forests, nos aproximamos al estudio del fuego desde un punto de vista ecológico, a comprender mejor el trabajo al monitoreo de los efectos de incendios en bosques de araucaria y nothofagus en China Muerta, así como las brechas tecnológicas existentes entre la academia y el sector público a la hora de tomar decisiones in situ respecto a la regeneración y restauración de sitios afectados por incendios.
Fundación Mar Adentro (FMA): Para comenzar, si nos pueden comentar sobre el principal propósito del Laboratorio de Ecosistemas y Bosques que lideran en la Universidad de la Frontera, así como sus investigaciones individuales.
Paola Arroyo (PA): Soy ingeniera en recursos naturales renovables. Me fui acercando a este tema de ecología del fuego a través de una investigación que se adjudicó Andrés hace ya diez años atrás y ahí me hice partícipe, como estudiante de magíster, lo que también dio paso a mi primer trabajo en terreno en China Muerta. También me abrió paso para continuar con un doctorado enfocado en evaluar los efectos de incendios recientes en ecosistemas andinos dominados por estos bosques característicos de araucaria y lenga. Entonces, lo que hemos estado viendo desde distintas perspectivas es el efecto de los incendios desde la perspectiva ecológica y, específicamente, cómo ha sido la respuesta de estos bosques después del incendio. Actualmente me adjudiqué también un proyecto en el cual me va a permitir darle continuidad tres años más a esta investigación, pero a escala de paisaje y eso se va a ir complementando también con las líneas que se están realizando acá dentro del laboratorio. Así poder ir abordando de una manera más integral lo que está pasando en estos ecosistemas que están “sufriendo” este cambio de régimen de incendio más frecuente, más severo.
Andrés Fuentes (AF): Yo, en cambio, soy biólogo de formación, y luego hice una maestría en botánica, donde estudié especies invasoras de plantas y sus impactos en ecosistemas naturales. Esto me llevó indirectamente a temas asociados a los regímenes de incendio y cómo también las plantas invasoras estaban dentro de esta ecuación. Posteriormente, entre el 2010 y 2015 hice un doctorado en ecología y biología evolutiva en Estados Unidos, y cuando volví a Chile me inserté como investigador, y hoy día, como profesor asociado en el Departamento de Ciencias Forestales de la Universidad La Frontera, donde ya llevo prácticamente diez años de trabajo y enfocado casi 100 por ciento diría yo, en temas asociados a la ecología de fuego, desde entender los impactos muy básicos que el fuego tiene en la vegetación y en la química y biología de los suelos. Al igual que Paola, soy parte del Laboratorio de Ecosistemas y Bosques, que es un laboratorio de carácter más interdisciplinar, en donde hemos ampliado un poco la mirada más allá de los árboles, más allá del bosque, y hoy día también los complementan colegas investigadores que trabajan en biodiversidad de microorganismos en temas asociados a los hongos, a los servicios ecosistémicos de los bosques, a la restauración. Y desde allí nuestra misión es generar un impacto en la gestión y la conservación de áreas que tienen algún grado de perturbación o de disturbios, como lo puede ser el fuego, y que pueda ser útil para llevar adelante iniciativas de recuperación, de restauración o rehabilitación de estos ecosistemas.
Smart Forests (SF): Entonces, ¿qué implica la ecología del fuego y cómo se relaciona con la conservación de la biodiversidad?
AF: Es importante comenzar por la idea de que el fuego es una cosa que es física, pero también hay una interacción biológica y química. Luego, si entendemos la ecología como un concepto que une diversas cosas, comienza a resultar más fácil entender cómo opera este concepto en su relación con los incendios. La ecología de fuego busca entender los impactos que tiene el fuego sobre la biodiversidad de los bosques.
PA: Estos impactos no solamente están asociados a hechos naturales, sino también a ciertas actividades humanas que están asociadas a ciertos lugares. Entonces, bajo esa mirada, todos somos actores que pueden potencialmente relacionarse al fuego y su ecología, y ahí justamente está el punto, de buscar un mayor acercamiento de estos temas a las diversas comunidades de los territorios afectados por incendios.
FMA: Andrés, en relación con lo que nos comentabas sobre las alteraciones actuales en los regímenes de fuego, ¿cuáles han sido esas alteraciones particularmente en la región de La Araucanía? Y después pasamos, Paola, te voy a hacer una pregunta también específica a lo tuyo.
AF: La vegetación en Chile es muy distinta de acuerdo al territorio donde nos situamos, ¿cierto? Hay un gradiente climático así como otras cuestiones que hacen que la vegetación sea distinta en cada lugar del país. Y cada lugar tiene características evolutivas distintas que permiten que coexistan con el fuego. En muchos casos el fuego las puede ayudar, y es parte de su dinámica de crecimiento, permite que se generen rebrotes nuevamente, que las semillas germinen con mayor velocidad, etc. Las especies nativas en general de Sudamérica no han estado expuestas a fuegos frecuentes evolutivamente hablando; por lo tanto, en general nuestra vegetación no es codependiente del fuego. Sí lo son estas especies nuevas exóticas o introducidas que son usualmente de Norteamérica p de Europa que responden mucho más positivamente al fuego. Entonces, una de las primeras cosas que nos preguntamos es ¿cómo han cambiado los regímenes de incendios? ¿Qué tan frecuentes son? ¿Cuáles son sus magnitudes en términos de daño que causan por severidad? Y también, ¿cuál es la estacionalidad? Y eso cuando tú comparas las últimas dos o tres décadas, vemos que es mucho más frecuente, más severos y generan daños mayores. Entonces la presión de la vegetación que no tiene estas adaptaciones al fuego es mayor. Nuestros estudios entonces primero se han enfocado en saber específicamente ¿qué especies de plantas son las que se perjudican mayormente y cuáles son aquellas que se benefician? Y, más o menos, ¿cuáles son las trayectorias de recuperación del bosque cuando están sometidas a un incendio forestal fuerte? Que es lo que estamos viendo en las últimas décadas. Entonces, en ese contexto, es que hemos estado estudiando la Reserva China Muerta como un sitio, como un modelo de estudio. Hoy día para mí casi la considero una estación de carácter experimental donde ya tenemos diez años de datos y esperamos seguir muchos años más estudiando. Tenemos en ese lugar un sistema de monitoreo permanente donde vamos midiendo diversas especies en distintos tiempos para entender esas dinámicas. Una vez que uno ya tiene una idea clara de cuáles son las especies o composiciones vegetales que cambian respecto a los incendios, ahí empezamos a hacernos otras preguntas más específicas que tienen que ver con las relaciones que se dan entre especies, por ejemplo, y entre la vegetación y el suelo. Entonces estamos viendo qué pasa con los microorganismos del suelo cuando se quema un área y de qué forma se puede recomponer esa simbiosis que ocurre entre las plantas nativas y los microorganismos. Manejamos también un vivero donde generamos plantas que estén mejoradas producto de hongos y bacterias benéficas del suelo, que permitan que esas plantas, cuando las plantemos en áreas quemadas, les vaya bien y sobrevivan, crezcan y el proceso de restauración sea más eficiente. Entonces hemos transitado desde preguntas muy macro a cuestiones más aplicadas, y hoy día también eso nos ha llevado a una alianza público-privado muy interesante con CONAF, por ejemplo, quienes producen plantas y viveros grandes que también van a sumarse a estas investigaciones aplicadas.
FMA: Y, en relación con el cambio climático, ¿cómo ha afectado en el caso de la región de La Araucanía?
AF: Esta región tuvo una temporada bien fuerte de incendios el 2015 (en Reserva China Muerta), y después de eso, afortunadamente no ha sido la región que ha tenido mayor incidencia de incendios. Han sido las regiones del Biobío, el Maule y Valparaíso las que han sufrido más en los últimos años. Cuando uno empieza a mirar los factores que contribuyen a que estos incendios sean cada vez más fuertes, primero, son las actividades humanas. Es importante también clarificar eso. La ocurrencia de los incendios forestales en su gran mayoría en Chile, ocurren por acción humana, ya sea por negligencia, por mal uso del fuego, e incluso intencionalidad. Básicamente ahí está la raíz del problema. Y, por supuesto que también tenemos anomalías climáticas como, por ejemplo, períodos estivales con olas de calor y vientos fuertes lo que genera mayores posibilidades de un mega incendio como se les llama. Por lo tanto hay una separación diría yo que es importante entre la ocurrencia, la causa raíz, que siempre es de origen humano, y los factores que pueden acelerar el fuego y que la magnitud y efectos sean más devastadores. Es ahí donde los factores climáticos pueden contribuir. Cuando ocurre un mega incendio y los factores climáticos son los “idóneos”, prácticamente no hay capacidad de poder controlarlo. Cualquier capacidad que pueda ejercer CONAF u otro organismo queda corto en ese escenario.
FMA: Volviendo a las investigaciones en la Reserva China Muerta, Paola, ¿qué han observado acerca de la regeneración de la araucaria?
PA: Lo que hemos visto después de estos mega incendios en esta zona es cómo la respuesta de estas dos especies (araucaria y lenga) ha sido distinta. Primero que todo, porque cada una de estas especies tiene distintas características en su relación con el fuego. Por ejemplo, la araucaria en sí tiene ciertas adaptaciones. Tiene esta corteza más gruesa. Los individuos adultos empiezan a eliminar las ramas más bajas. Entonces así evita esa conectividad vertical cuando hay un incendio, es decir, el fuego no llega a la copa. Con la lenga u otras especies de Nothofagus, se queman fácilmente. Entonces nosotros hemos visto que en zonas afectadas muy severamente por incendios forestales, la lenga prácticamente desaparece de esa zona; en cambio, sí encontramos araucarias que sobreviven a estos efectos y que pueden regenerarse. Entonces eso ha sido muy notorio en estos lugares y lo hemos ido identificando en distintas zonas, tanto en China Muerta como también en otros bosques con características similares. Entonces, en el Laboratorio hemos ido trabajando en qué se puede hacer respecto a ayudar a la regeneración de lenga. Los Nothofagus en sí son más sensibles, necesitan otras condiciones; no pueden estar expuestos completamente al sol, a la radiación, porque si no se secan. La araucaria, en cambio, es más tolerante, puede estar en condiciones más expuestas. En una reciente visita a los terrenos, observamos cómo algunas araucarias sobreviven al incendio aparecen muertas, y otras aparentemente muertas, aparecen con brotes en sus copas. Esto abrió otra línea de investigación para entender qué está sucediendo a nivel de paisaje. A esto se le llama mortalidad retrasada, donde se estudia como el fuego daña o modifica la mortalidad de una especie después de ciertos años de un incidente de incendio. También evaluamos por qué algunos árboles de la misma especie sobreviven u otros no.
Registrador de datos de temperatura LogTag, China Muerta. Jennifer Gabrys, 2024.
SF: Muy interesante esta nueva línea de investigación, y en relación con ésta, ¿cómo se relacionan estos trabajos quizás con el uso de tecnologías que se utilizan actualmente en Chile para el monitoreo de incendios forestales?
AF: Es una buena pregunta, hay harto por avanzar todavía, pero también tenemos buen acceso a tecnologías desde el punto de vista científico en términos de imágenes satelitales de buena calidad, uso de dispositivos de drones con sensores de muy buen rendimiento, torres para medir emisión de carbono, o estaciones meteorológicas para monitorear variables prácticamente en tiempo real. Pero yo veo que aún hay una brecha entre lo que la ciencia puede producir con tecnología versus lo que la gestión territorial puede realizar en la práctica. Por ejemplo, nosotros tenemos ahora la posibilidad este año, a través de un proyecto de investigación, de obtener buenos recursos para instalar una estación meteorológica de muy buen nivel con sensores muy específicos que nos van a dar datos muy bueno de varias variables climáticas en bosques quemados y también vamos a tener la oportunidad de hacer vuelos con drones multiespectrales con sensores bien específicos que nos permitan obtener información a una escala mucho más grande respecto de cómo la vegetación se está recuperando a través de cálculo de índices que están disponibles usando estos dispositivos. Pero eso tiene fines científicos principalmente, nos va a permitir publicar cosas que hoy día no sabemos, ir a congresos y formar estudiantes para que puedan también ser parte de esto. Pero todavía veo un poco lejano que esto nos ayude a la escala de incidencia en política pública. A nivel macro sí creo que podemos tener una buena llegada a nivel local con los custodios que están en las reservas y que esta información se la podamos entregar rápidamente para que los ayude a tomar decisiones en cuanto a dónde plantar o no plantar o qué zonas requieren más atención.
PA: Estoy completamente de acuerdo con lo que dice Andrés, tenemos una brecha tremenda, en relación a lo que se puede hacer desde la academia y lo que efectivamente se puede hacer desde los servicios públicos. Un tema para destacar que en estos últimos años igual avanzó mucho el tema tecnología para poder trabajar con ciertas cosas que a nosotros nos permiten estudiar estos ecosistemas, y uno de esos que nombraba Andrés, por ejemplo, les la evolución de las imágenes satelitales. En general nosotros hemos trabajado con imágenes satelitales que tiene una resolución de 30 x 30 metros. Luego han aparecido desde el 2015–2016 los Sentinel, que tiene una resolución de 10 x 10 metros, entonces mejora lo que nosotros podemos identificar en terreno. Las tecnologías en sí nos han favorecido en nuestros estudios. Pero el tiempo de procesar, de que todo lo que recopilamos se traduzca en algo más tangible, ahí está la brecha.
FMA: ¿Qué falta aún por estudiar sobre los incendios forestales en Chile?
AF: Siempre habrá preguntas y cosas por averiguar desde el punto de vista científico, pero creo que es importante ir a lo aplicado. Lo primero, yo creo que es importante hacer mucho, mucho énfasis en el tema preventivo. Quizá una nueva línea novedosa tenga que ver con justamente cuáles son las formas más eficientes de aportar a la prevención. Sería interesante abrir nuevas preguntas en cómo evitar que las decisiones no sean reactivas sino lo más preventivas posibles. Y lo segundo, sería preguntarse qué hacer de forma más eficiente la recuperación de un ecosistema que ha sufrido un incendio, si es que en realidad lo que se requiere es recuperar ese ecosistema. Y ahí yo creo que todavía estamos al debe, porque lo que se hace tradicionalmente, es que algo que se quema se deja como está para que se recupere solo. Pero eso no siempre ocurre de la forma que debiera ocurrir, porque si no tenemos semilleros, van a llegar otras especies. Y después viene toda la parte de cambio de uso de suelo que finalmente es muy difícil de recuperar. Entonces, yo creo que es importante también que con el conocimiento que ya tenemos, avanzar en temas aplicados a la recuperación, la restauración y la reforestación de esos sitios.
Área quemada de China Muerta con rebrote de bambú chileno, observada durante la visita al sitio con Paola Arroyo Vargas, Paula Tiara Torres y Pablo González Rivas. Jennifer Gabrys, 2024.
Diagramas
de Inflamabilidad
Valeria Palma
Durante el programa de residencies Ecologías de Fuego, Valeria Palma caracterizó la inflamabilidad de 5 especies presentes en Bosque Pehuen: Araucaria araucana (araucaria), Laureliopsis philippiana (tepa), Nothofagus alpina (raulí), Nothofagus dombeyi (coihue), Saxegothaea conspicua (Mañío hembra). Andrea Novoa, 2024.
Para este estudio caractericé la inflamabilidad de cinco especies presentes en Bosque Pehuen: Araucaria araucana (araucaria), Laureliopsis philippiana (tepa), Nothofagus alpina (raulí), Nothofagus dombeyi (coihue), Saxegothaea conspicua (mañío hembra). De estas especies destaca la tepa por su penetrante olor alimonado, esa pista podría indicarnos que presentaría un comportamiento más inflamable que el resto. Esta caracterización la hice en base a la definición de inflamabilidad de H.E. Anderson (1970) que la define como el conjunto de medidas de ignitabilidad, sostenibilidad y combustibilidad, posteriormente Martin, junto con otros investigadores en 1993, realiza un aporte a esta definición, incorporando una cuarta medida, la consumibilidad.
Las variables evaluadas en cada ensayo consisten en la toma de tiempos (ignición, llama visible y combustión) y masas (diferencia de masa y pérdida gradual de masa) en diez ensayos por especie, las cuales siguen una relación directa con cada uno de los conceptos de inflamabilidad.
Gráfico 1. IGNITABILIDAD. Tiempo de ignición por especie
Tiempo, en segundos, desde que se acerca el foco del fuego hasta que se genera el inicio del fuego en la materia vegetal. Cada punto corresponde a un ensayo. Visualmente y estadísticamente, Araucaria araucana es la única especie que tiene un comportamiento diferente a las demás, tarda más tiempo en generar ignición (encender) con una mediana de 30 segundos, por lo que, en cuanto a la ignición, esta especie puede considerarse poco inflamable. Las demás especies tardan mucho menos en encender, con medianas entre 10 y 15 segundos, siendo más inflamables.
Gráfico 2. SOSTENIBILIDAD. Tiempo de llama visible por especie
Tiempo, en minutos, desde que se genera la ignición hasta que se apaga la llama en la materia vegetal. Visualmente Laureliopsis philippiana (tepa) y Nothofagus dombeyi (coihue) presentan un comportamiento poco claro, con una llama que a veces está encendida menos de 15 segundos y otras hasta 2 minutos, a pesar de esto, sólo la tepa presenta diferencias estadísticas con araucaria. Cabe destacar que araucaria, raulí y mañío hembra no logran mantener una llama encendida por un tiempo considerable, esto las hace poco peligrosas en un entorno de bosque, ya que es poco probable que en ese tiempo logren conducir la llama a otro individuo.
Gráfico 3. COMBUSTIBILIDAD. Tiempo de combustión total por especie
Tiempo, en minutos, desde que se genera la ignición hasta que se apaga la última brasa. Visualmente, Laureliopsis philippiana (tepa) está más tiempo en proceso de combustión total que las demás especies, llegando a casi los 10 minutos, seguido del coihue con 3 minutos de combustión aproximadamente y luego las demás especies con menos de 2 minutos. Estadísticamente, sólo se puede decir que la tepa presenta diferencias con el raulí y la araucaria. Es importante resaltar que las brasas dentro del proceso de combustión pueden reactivar el fuego, por lo que estas son consideradas peligrosas; mientras más tiempo estén encendidas, más inflamable es el combustible.
Gráfico 4. CONSUMIBILIDAD. Diferencia de masa por especie.
Diferencia en gramos entre la masa inicial (25g) y la masa una vez finalizada la combustión. Visualmente se puede apreciar que la tepa y el coihue son las especies que pierden más masa luego de la combustión. Por otro lado, araucaria, raulí y mañío hembra pierden muy poco de su estructura. El proceso de pérdida de masa se puede observar claramente en el gráfico siguiente.
Gráfico 5. CONSUMIBILIDAD. Pérdida de masa media vs tiempo de combustión.
Registro de la pérdida de masa en porcentaje cada 10 segundos desde la ignición hasta que finaliza la combustión. De aquí se puede observar que araucaria y raulí practicante no sufren una pérdida de masa significativa con una pérdida cercana al 1 por ciento. A estas especies las siguen el coihue y el mañío hembra con una pérdida de masa de entre el 5 y 6 por ciento. Finalmente, la tepa es la especie que sufre más daños durante el proceso de combustión con una pérdida del 17 por ciento.
Si bien la tepa es la especie más inflamable de las 5 que se consideraron para este estudio, además de ser la más aromática, sigue siendo una especie resistente en comparación con las especies del valle central, las que pueden llegar a una pérdida de más del 90 por ciento de su masa inicial. Esto se debe a que las especies de cordillera coevolucionaron con el fuego y se hicieron cada vez más resistentes para continuar en los ecosistemas de montaña. Es por esto que araucaria, la especie más antigua evolutivamente, es la más resistente. Las especies del valle central no están adaptadas al fuego, por lo que un incendio forestal es devastador en estos lugares.